DLA Columnas | 13/12/2016 | 1:00 am
Individualismo en Gotas

Por: Camilo Perdomo

<Al amor: sublime pretexto para madurar> R. M. Rilke

En el 2010 leí un librito con un interesante título: Pequeño manual individualista de Han Reyner, publicado por las ediciones Allia en Paris. Hoy es invitado de Tópicos a los fines de mostrar lo que nos toca a los humanos: dialogar desde nuestro interior, desde lo que nos preocupa. No trata de interrogaciones como practicamos con los discípulos, pero sí de cuestionar aquello donde nos sentimos incómodos. Hay en nosotros opiniones y verdades donde nuestra existencia intenta ser heroica o se camufla para pasar entre los otros defendiendo un coraje que no tenemos o para generar a nuestro interior alguna autocrítica. No nacen estas notas sino con la intención de responder algunas preguntas claves a nuestra existencia, ahora cuando entre los venezolanos se invoca en demasía el colectivismo. ¿Soy yo individualista? Sí y también existencialista y postmoderno. ¿Qué entiendo por individualismo? Una doctrina que no se apoya en ningún dogma, verdad absoluta, o tradición donde se aplasta mi derecho individual a ser diferente. ¿El individualismo es percibido por la gente como escribo aquí? No, pues cierta descalificación filosófica, religiosa y política ha circulado para asimilar esta posición existencial con egoísmo y aislamiento de los problemas sociales. ¿Hay autores que en la literatura aparecen como individualistas, pero se les conoce por sus contribuciones para mejorar al hombre y la sociedad? Sí, Montaigne un combatiente por una mejor vida, Nietzsche, Sócrates, Séneca, Epicuro, Jesús, Epicteto. De ellos bebimos parte de sus inquietudes en las relaciones conflictivas, como tienen que ser, entre los humanos. Sócrates, por ejemplo, no enseñó desde una verdad exterior, sino que invitaba a descubrir la verdad en cada quien. Fue condenado por un jurado amañado al no adorar los dioses que la ciudad tenía y de corromper con sus ideas a la juventud. Lo cierto fue que por arrojarle las verdades al poder de turno fue condenado. En el caso de Séneca refiriéndose a Epicuro, quien liberaba a sus discípulos del temor de los dioses o de dios, por ser el comienzo de la locura, dijo de él que era un héroe disfrazado de mujer. La gran virtud de Epicuro fue su sobriedad, su temperamento cuando distinguía entre necesidades naturales y necesidades imaginarias. Qué interesante es esto hoy para una sociedad que vivió en el derroche, como la venezolana, y descendimos a los infiernos de la escasez. Otro individualista interesante es Jesús, el que vivió errante, extranjero en cada lugar que visitó, enemigo de curas, de cultos exteriores y en general de cualquier organización. Su muerte tienen signos que vale señalar: Acusado por la burocracia religiosa, abandonado por la autoridad judicial, clavado en la cruz por soldados, símbolo de muerte indigna en el Imperio romano y de aquí los signos de su martirio van al lado de su individualismo. En cuanto a Epícteto, fue un estoico que supo soportar con coraje la pobreza y la esclavitud, donde la situación cuanto más punitiva a cualquier hombre común a él le permitió aprender hasta dejar un Manual de comportamiento para ser libre. ¿Es suficiente proclamar el individualismo para que éste se practique? No, no es como la religión donde el ser se contenta con algunas palabras de su doctrina y ya está. El individualismo es una actitud ante la vida, es una moral. ¿Cómo hacerlo? Yo debo meter todos mis actos en acuerdo con mi pensamiento, ser como el músico que busca en cada composición su armonía, es una virtud. ¿Se hace eso sólo con palabras? No. Dos escenarios aclaran el camino: Si en mi práctica social sueño con recompensas no soy virtuoso, la virtud es clave del desinterés por lo no merecido. La virtud ante todo crea alegría. Por ejemplo, hay cosas que dependen de nosotros y se combaten con indiferencia. Hay en la sociedad cosas que te esclavizan, son para débiles y constructoras de obstáculos para una vida plena. Y hay cosas donde es vital rebelarse, indignarse, escoger cuándo comprometerse o cuándo alejarse de ellas es clave individualista y postmoderna. Saque sus conclusiones.

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