DLA Columnas | 14/11/2016 | 8:12 pm
El caos venezolano

Por: Alexis Berríos Berríos

Es imposible dejar de referirnos a la crisis nacional cuando la existencia en Venezuela se vuelve cada día más difícil. Esto significa que la realidad entre bambalinas planteada por el gobierno ya no conquista ni siquiera a sus prosélitos. Sería errar de nuestra parte decir lo contrario a sabiendas de las escasas oportunidades económicas con que cuenta el chavismo en las actuales circunstancias. Después de manejar durante tres lustros cuantiosos ingresos a resultas de la venta del oro negro en el mercado internacional, la “administración chavista” se vino a menos a consecuencia de despilfarrar astronómicas cifras monetarias de una manera nunca antes vista en Venezuela.

Busquen con cuidado el derroche suscrito y verán que no mentimos una ñinga en cuanto a un gobierno descarriado desde el punto de vista gerencial. Hablando así, sin mentir, podemos entender que la demolición de nuestra sociedad figura como un derivado de la incompetencia de una clase dirigente que además de descuartizar la riqueza de la nación, se negó a rectificar con respecto a la estatización del aparato productivo y al exterminio de la inversión privada. Bien considerado todo, el chavismo aplastó la posibilidad de construir un país en plena acepción de la palabra. Siento incluso que nos retrocedió como sociedad logrando sumergirnos en una “economía” conuquera y en el trueque como transacción indispensable para sobrevivir al fondo de la cotidianidad. Sin embargo, a menos que sean estúpidos, muchos representantes y embajadores del gobierno nacional niegan esta realidad atribuyéndole el caos a la baja de los precios petroleros. Disparan a rabiar contra la renta generada por el oro negro adoptando aires de solemnidad para a posteriori decir que durante el siglo veinte la economía venezolana no se diversificó. Dicho con otras palabras, niegan la hechura de esa Venezuela moderna que se alcanzó progresivamente a partir de 1920 hasta el año 1998, fecha en la cual tomó Chávez el toro por los cachos para en lo sucesivo dedicarse a talar la nación por los cuatro costados. Pues al contrario de invertir esa inmensa cantidad de capital obtenido por la subida del precio del barril petrolero en pro de terminar de consolidar un sistema de producción propiamente dicho, los chavistas se chuparon los centavos y aniquilaron lo logrado en casi 80 años de historia patria.

¿Qué tal?

Por eso, cuando escuchamos a algunos voceros del gobierno expresar tantas mentiras sobre el pasado y el presente de nuestra nación en un momento donde Venezuela se encuentra a tumba abierta, cunde las ganas de desnudarlos frente a la opinión pública en esta hora condicionada por los aumentos acelerados del dólar y la inflación. O, por llamarlo más históricamente, una época sellada por la invención científica como se demostró el pasado miércoles 9 de noviembre en Alemania. Un episodio que merece la pena resaltar en virtud de que se aprecie el papel de los jóvenes del primer mundo en las caudalosas aguas del conocimiento. Sapiencia lisa y llana como principio fundamental de esta nueva centuria adobada con incertidumbre, lucidez, escepticismo y el fin del ciclo petrolero.

En esta atmósfera tenemos que ubicarnos los venezolanos para poder respirar bien alrededor de un barril petrolero que no cubrirá las expectativas de ingresos del gobierno nacional para el año 2017. He aquí la reflexión ante el caos suscitado por el malempleo de políticas públicas por parte de un grupúsculo de hombres que rotan en la periferia de un círculo ideológico retrógrado. O, para el caso, de una camarilla promocionadora de crisis bajo el velo de un modelo político harto conocido en la historia universal por sus fracasos y desafueros cometidos contra un buen número de seres humanos forrados de ansias de libertad, democracia, tolerancia y bienestar común. En fin, un modelo-caos o un caos-modelo que corroe profundamente lo venezolano.

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