DLA Columnas | 2/11/2016 | 1:00 am
Comentario sobre Karl Marx

Por: Alexi Berríos Berríos

Oír hablar con frecuencia de socialismo en Venezuela y leer comentarios desgarradores sobre el señor Karl Marx, origina de una vez las ganas de decir con el objeto de resaltar ante los ojos de la juventud las debilidades del pensador alemán que partió el mundo en dos. Hay pruebas recogidas por Paul Johnson en su texto titulado “La historia de los Judíos” que bien vale analizarlas para precisar sus relaciones amistosas y el provecho que de ellas obtuvo para vivir. El mejor ejemplo lo encontramos en el judío Heine, quien tuvo directamente conectado al mundo hippy, a las flores y a la profundidad intelectual ejerciendo influencia en el joven Marx con respecto a la religión como “un opio espiritual”. Gracias a Heine, Marx comenzó a expresarse acerca del “opio del pueblo” además de recibir ayuda económica en virtud de salvarle la vida a su hija Jennie. Por ventura, la poesía los unió y el resentimiento espiritual solidificaría con el tiempo esa amistad condicionada por el rechazo a todo lo circundante, leamos: “lo que los dos hombres tenían en común era sobre todo su extraordinaria capacidad de odio, expresada en envenenados ataques no sólo a los enemigos, sino también (especialmente) a los amigos y los benefactores. Era parte del odio de sí mismo que compartían como judíos apóstatas. Marx padecía este mal en medida todavía mayor que Heine (…)”.

Más importante aún es lo atinente al desconocimiento de Karl Marx en relación con el trabajo desarrollado en las fábricas. Según las fuentes directas utilizadas por Paul Johnson, Marx desconoció la realidad laboral en directo y desdeñó un ofrecimiento de Engels para cerciorarse de esa realidad humana sobre la que escribiría a futuro. Por eso, Karl Jaspers se expresó de la siguiente manera: “El estilo de los escritos de Marx no es el del investigador (…) no cita ejemplos ni aduce hechos que se opongan a su propia teoría, y menciona sólo los que apoyan o confirman claramente lo que él cree que es la verdad definitiva. El enfoque general es el de la apología, no el de la investigación, pero se trata de  la apología de algo proclamado como la verdad perfecta con la convicción no del científico, sino del creyente”.

Como se ve, Karl Marx ignoró la esencia documental para interpretar la sociedad o desmontar el hecho social que le apeteció. Cuando sucede tal cosa, la historia cobra conciencia para refutar con fuerza la endeblez teórica presentada sea cual fuere la situación. Por fortuna, los judíos captaron tempranamente el sentido de la palabra historia y de allí que se hayan dedicado a comprender el mundo y el misterio de lo celestial.

Otro elemento que merece la pena recordar es que en la investigación histórica se cotejan las fuentes y se aborda la polisemia por encima de los encapsulamientos ideológicos. Para ser justo, el historiador debe emprender su ejercicio hermenéutico intentando aproximarse a conclusiones solventes y esperando siempre el contraataque necesario para existir. Sin contraparte cualquier obra cojea y Karl Marx se desvanece en esta línea de acción. Él, como muchos de sus seguidores en América Latina y Venezuela, cierra las compuertas de una nave roja donde viaja la mismidad en compañía de la tacha como símbolo central de su postura teorética. Dicho de otro modo, Paul Johnson en ese espectacular tomo escrito sobre la historia judía muestra ese fantasma que todavía recorre lugares del mundo, tratando de aclararle al lector el daño que ocasiona ese océano de mentiras aunadas a una epidemia ideológica castrante y exterminadora para los seres humanos. Me parece, pues, que el comentario de Karl Jaspers a través de Paul Johnson abriga la esperanza de la libertad de vivir y crear verdaderamente.

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