DLA Columnas | 12/10/2016 | 1:00 am
¿Ciudad de paso?

Por: Gustavo Chaparro Salas

Iniciamos esta serie de artículos sobre un diagnóstico de la ciudad de Valera tratando hace dos semanas sobre el tema del transporte público y continuamos hoy con el tema de turismo. Es de todos conocida la privilegiada situación geográfica de la ciudad de Valera al pie de los Andes venezolanos y puerta de entrada a los mismos. ¿Se ha valido la urbe de ese hecho geográfico para tomar ventajas competitivas ante otras ciudades venezolanas? La respuesta parece ser no debido a una cantidad de factores dignos de analizar y desglosar. No hace falta ser una autoridad en turismo para darse cuenta de la raíz del problema.

La ciudad con ese remoquete de “ciudad de paso” ha frenado  su desarrollo urbano en el aspecto de atracción de inversores de paquetes turísticos a la zona. También se quiere hacer ver que el turismo debe ser sólo de tipo “religioso” por lo de José Gregorio y la Virgen de la Paz. ¡Nada más equivocado! Siempre he resaltado el abandono de ciertas zonas como la lindísima vía de La Puerta a La Lagunita que es todo un espectáculo turístico de verdor y naturaleza. Si en Mérida de Venezuela estuviese esa zona, ya un inversionista habría hecho un parque temático colocando pequeños cafés y restaurantes. Nada que ver en la vía, aparte del paisaje. Ningún sitio de artesanías, ninguna posada, ningún sitio de información turística.

Igual sucede dentro de la misma ciudad. Esta no aparece con nada que ofrecer ante el turismo nacional.  No hay museos, no hay bibliotecas, no hay buenos parques ni diversiones dignas de disfrutar como no sea el consumo de alcohol. Es por eso que ni siquiera hay una buena red hotelera para organizar un congreso ante la falta de un sitio para grandes eventos. El que se proyecta como el mejor hotel de la ciudad tiene 10 años en construcción y está casi paralizado por la desastrosa economía venezolana. Siempre hemos afirmado que el área de “Carmania” es un sitio ideal y virgen para museos y zonas de eventos. El mamotreto llamado Domo Bolivariano debería ser derribado y ahí construir ese “centro de eventos” para graduaciones, congresos y actos públicos y privados siendo administrado pulcramente por una comisión encargada de mantenerlo impecable. Es una idea más de un soñador.

A la falta de los sitios turísticos se le añade el semi - desmantelamiento del aeropuerto local que es la conexión con el mundo. Lejos de convertirlo en internacional como se había planteado, se disminuyeron los vuelos de 10 semanales a solo tres, convirtiéndolo en una ruta áerea de ocasión no apta para atraer turistas nacionales e internacionales al Estado. Además el servicio de autobuses no es bueno y está cargado de inseguridad no pudiéndose ni siquiera reservar y pagar por internet en pleno siglo XXI. Una ciudad para promoverse a nivel nacional e internacional amerita en estos tiempos el estar conectada con el mundo. Sin transporte que lleve a los turistas cómodamente al destino elegido no hay futuro turístico que apruebe lo más elemental para desarrollarlo.

La transformación de Valera en su ruta al Bicentenario debe ser integral. No es construir una nueva avenida o comenzar el nuevo acueducto. La ciudad debe buscar su futuro autosustentable produciendo y generando desarrollo, crecimiento armónico en comunión con el ciudadano y la naturaleza y revirtiendo la creencia de que ya no hay nada que hacer y todo está perdido. Por el contrario, el campo turístico entre otros polos de desarrollo posible, está virgen y aguarda por inversionistas nacionales, locales e internacionales que quieran proyectar la imagen de una región y de una ciudad en crecimiento. Hay mucho por hacer en esta urbe y mucho por transformar para convertirla en una de las comunidades líderes de Venezuela. Quizás nos falta el factor humano que presione en esa dirección.

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