DLA Columnas | 5/10/2016 | 1:00 am
Las Farc cayeron en el juego democrático (y le jugaron feo)

Por: José Useche / usechepernoa@gmail.com

Con los resultados del plebiscito en el país neogranadino, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ya no pueden huir del compromiso democrático.

Quizá es una exageración o una paranoia, pero definitivamente le dieron jaque al grupo guerrillero. Ganó el No contra todo pronóstico, pero los hechos posteriores confirman que todo estaba arreglado.

Una organización con tanto dinero y tantos años haciendo vida al margen de la legalidad, no se sentó a negociar qué tipo de condena recibirían cuando se desmovilizaran, sino qué beneficio recibirían por hacerlo.

Ellos sienten que su lucha es justa, necesaria y política, por lo cual exigen un acuerdo político. Nunca aceptarían otro texto fuera de esos términos.

El equipo de Juan Manuel Santos lo sabía muy bien, y ofrecerles el cielo y la tierra era lo menos que podían hacer si esperaban una respuesta positiva de las Farc.

No cárcel para los líderes, trabajo comunitario para quienes confiesen crímenes, puestos en el Congreso, subvención para la formación de un partido por encima de otros movimiento políticos, apoyo financiero para desmovilizados que pretendan comenzar un negocio, sueldo para los exguerrilleros, entre otras. Faltó incluir arepita, caldito y café todas las mañanas.

Obvio que necesitaban jalar a los guerrilleros a un acuerdo de ese tipo. Que se mostrarán al mundo como participes reales de un movimiento por la paz con el Gobierno colombiano.

Este trato es por mucho, injusto ante los horrores de la guerra, donde las Farc tienen una cuota importante de responsabilidad.

Santos se la jugó: este acuerdo injusto lo definirá el pueblo.

La democracia no funciona. Las encuestas aseguraban la victoria del Sí por encima de 10 puntos. Por experiencia, las mediciones no se equivocan tanto. Ganó el No porque esa era la estrategia, hacer entrar a las Farc en el juego democrático, donde el sistema los haría perder.

Ahora, derrotados en las urnas, ya no pueden levantarse de la mesa, porque la interpretación de esto sería: las Farc no quieren paz, quieren dinero y poder. No están dispuestos a dar un poco más por los colombianos.

Es un atrevimiento lanzar esta interpretación, pero a partir de los hechos posteriores, como las declaraciones de Santos, Uribe y de La Calle, deja pensar que le hicieron jaque al grupo guerrillero.

Ahora, las Farc debería tratar de hacer lo necesario para no quedar tendido en la lona y finalizar su historia, al menos con la camiseta blanca puesta y no siendo acorralados por un pelotón del ejército colombiano.

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