DLA Columnas | 28/09/2016 | 1:00 am
Nuestro obsoleto transporte público

Por: Gustavo Chaparro Salas

Nuestra pequeña urbe necesita con urgencia un remozado del sistema de transporte público aunado a vigorosas campañas informativas y educativas para el uso del mismo. Cuando un pueblo crece con vicios, aunque son difíciles de erradicar, siempre es posible realizar campañas de concienciación a través de la radio, prensa y tv que unidas por el bienestar común pueden ceder espacios cortos para publicidad de ese tipo y de esa manera enseñar a la gente cómo desenvolverse en un vehículo de transporte público, dónde esperar el autobús, dónde bajarse, de qué manera alertar para que se detenga y muchas otras cosas de interés común.

El pueblo de Valera no es precisamente muy educado en el uso de sus medios de transporte y si a eso le añadimos que tampoco algunos choferes lo son, tenemos un dañino cocktail para los usuarios y la urbe. Además, quien se monta en un transporte público y al contrario de otros países, no sabe si llegará al destino  o más aún, con vida. Esto gracias al desbordamiento del hampa común por la ineficiencia de la policía y políticas permisivas con los delincuentes. Es por eso que las campañas que se plantean deben irremediablemente realizarse para tratar de modificar un comportamiento negativo de la población.

Por otra parte, el sistema de transporte de Valera ya llegó a donde no es posible avanzar más. Los vehículos para tal fin, excluyendo algunos autobuses nuevos del plan Bus-Trujillo y algunos privados, son en su mayoría las desvencijadas y obsoletas “busetas” que no son más que aquellos vehículos para familias grandes de los años 70 en los Estados Unidos y que fueron importadas hace muchísimos años para satisfacer una necesidad provisional, pero que hoy no cumplen con las normativas de seguridad, limpieza y confort. Con cerca de ya 40 años de uso, algunos de estos “peroles” son un atentado a la seguridad sin ningún tipo de supervisión ni mantenimiento.

Las paradas de transporte público son otra calamidad, sin ningún beneficio añadido para el usuario como sillas, orden, limpieza. Son enormes colas en las horas pico cuando la población flotante de la ciudad retorna a sus hogares. La tal parada inteligente, promesa electoral, ha quedado en el olvido por falta de presupuesto o de bloqueo por los que no son de tendencia política del alcalde y se suponía era el inicio de la modernización del transporte público. La población usuaria raramente respeta las paradas asignadas como lo es el caso de la inexistente parada de Mc Donald, en donde la gente por comodidad no camina 50 metros más abajo en donde está la “autorizada” y ningún agente del orden público es capaz de controlar la anarquía de los buses parando frente a un semáforo.

La ciudad de Valera, por su topografía y la forma de distribución del tráfico desde un eje central que es la Avenida Bolívar hacia las colaterales es relativamente fácil de organizar con una ruta de buses tipo Bus-Trujillo, que atraviese la avenida de norte a sur desde San Luis a Carmania, en manos públicas y privadas, dándole prioridad a los que actualmente hacen las rutas para que utilicen esos nuevos autobuses modernos no necesariamente muy grandes, con aire acondicionado y seguridad que vayan reemplazando poco a poco a las desastrosas busetas. Después se podría empezar por organizar las vías colaterales. Valera, necesita ideas que vayan fluyendo en estos cuatro años que faltan para el bicentenario que no nos debe tomar por sorpresa en esta ciudad invivible que hoy en día tenemos.

Quiénes Somos | Estructura Corporativa | Aviso Legal | Dónde Llegamos | Contacto

Copyright © 2014. Editorial Diario Los Andes. Venezuela | RIF: J-09003756-0

Powered by:Venetech Smart Solutions