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Costumbres y tradiciones Imprimir E-Mail
escrito por Sandel J. Sanguino Guerrero   
sábado, 07 de noviembre de 2009
Un amigo cuando viajó por primera vez a Europa, al llegar lo primero que me dijo cuando le pregunté qué tal Europa fue que era un continente donde había mucha piedra vieja y construcciones antiguas; si uno se pone a ver, es más que cierto, estas ciudades se han mantenido en el tiempo (como sabemos todos) echando sus cuentos de antaño y conservando las viviendas de entonces.

"Es que el arte está en las calles", dicen los turistas nuestros cuando vienen de Roma, París o Madrid, y es verdad. Las circunstancias hicieron que esto fuera así, los dirigentes de aquellas épocas, empeñados en satisfacer sus muy artísticos gustos, dejaron para la humanidad, plazas, esculturas, fuentes, redomas, arcos, obeliscos, puentes, viaductos y demás monumentos y reseñas que se convirtieron en historia de ingeniería, arquitectura y arte en general.

Pero hay tradiciones que ocurrieron después de éstas y son las que se inventaron sin saberlo los pueblos, quizás llenos de aburrimiento o con poca actividad intelectual en sus días de ocio; podríamos decir: "La Tomatina" y "Los San Fermines" en las Ferias de Pamplona, ambas en España y el festival de la cerveza en Alemania.

Nadie se propuso hacerlas tradicionales ni mucho menos atractivos turísticos, fue el tiempo el que las convirtió en eso; si uno busca sus reseñas, advertimos que surgieron cualquier día por purísima casualidad, y esas actividades no son "una cosa del otro mundo", algunas si se quiere son hasta grotescas, pero son parte de su manera de ser; de lo que son, para gusto o disgusto.

En San Cristóbal, (acá en Venezuela) por supuesto han surgido costumbres con similares orígenes que no han sobrevivido a través del tiempo, han desaparecido por petición de los vecinos o por "desordenes no ordenados". Por allá cerca de la avenida Carabobo y a una desaparecida sala de cine, había una bodega en una esquina donde se vendía cerveza de todo tipo, pasteles, empanadas, chicharrones, morcillas y otras fritangas. Era un lugar sencillísimo, en cuyas paredes colgaban retratos de personajes viejos y chistes de borrachos, además tenía una Rocola como compañera solidaria de despechados solitarios. Los asiduos disfrutaban, entre gente de todo tipo y de distintas partes del país, y era que toda persona que venía a visitarnos se le llevaba ahí, y éstas salían felicísimas a echarle el cuento a sus paisanos como algo que "usted no me la va a creer".

En la parte alta de San Cristóbal, en el estacionamiento de la plaza de toros se hizo costumbre (sobre todo los fines de semana) la reunión también de gentes que con sus vehículos portadores de potentes equipos de sonido, asistían en grandes grupos a compartir sus líquidos etílicos, bailar y a conversar, en medio de olores a mazorca asada y pinchos de carne bien condimentada. Recuerdo que al subir por la avenida España en la curva antes del estacionamiento, aparecía como arte de magia el policromático lugar, entonces uno decía: "está full", y se bajaba la velocidad para ver dónde "había un huequito" y poder estacionar; este sitio llegó a ser llamado "la discoteca más grande del mundo".

Las costumbres europeas citadas fueron llevadas a vivirlas una vez al año, llegando turistas de todas las partes del mundo a participar y a observarlas. Son autorizadas por las Alcaldías respectivas, y en algunas participan los Alcaldes inaugurándolas, pero digan ustedes qué tiene de atractivo un poco de japoneses, españoles o italianos tirándose tomates en la plaza de Buñol, o unos blanquísimos alemanes emborrachándose delante de paparazzis y ojos de turistas chinos. Los turistas van a, aparte de tirarse tomates, beber cerveza o perseguir toros en Pamplona, a disfrutar de los pueblos donde estas costumbres ocurren "sus casas viejas" y las historias que les cuentan.

San Cristóbal, tiene zonas emblemáticas que aún no han desaparecido del todo y que forman parte de nuestra historia, la que nosotros mismos no sabemos contar. Tenemos las ferias, que bien o mal son nuestras y que surgieron casi también por casualidad por el empeño luego de tachirenses visionarios y emprendedores. ¿Por qué no fusionar las cosas? ¿Por qué no aprovechar lo que somos? ¿Por qué no resumirlo, ordenarlo y presentarlo? Así como lo hacen los europeos, todo una vez al año ¿Por qué no?, Quién quita hasta de pronto podamos ver a unos chinos muertos de risa en una manga de coleo allá en Pueblo Nuevo.




 
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