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Dos
mundos unen fuerzas en México: la academia y la gente común, que
soporta problemas ambientales. Es así como algunas personas se
convirtieron en defensoras del ambiente. Hacen reuniones para
compartir experiencias y planear estrategias conjuntas para llamar la
atención sobre sus casos y conseguir apoyo
(México).-
La mexicana Graciela González atiende llamadas, organiza reuniones y
da entrevistas como parte de sus labores para rescatar del desastre
ecológico a un río. A miles de kilómetros de distancia, el
campesino Gonzalo Rodríguez ayuda a tomar muestras del aire en una
región contaminada por las petroquímicas.
Ninguno
tenía en sus planes convertirse en defensor del ambiente. González
se ocupa de las tareas de su casa y dejó su empleo como docente para
dedicarse a la causa en el estado occidental de Jalisco. Rodríguez
cría ganado en Veracruz, en el sur mexicano.
Como
ellos, cada vez más ciudadanos han comenzado a alternar sus
ocupaciones con la búsqueda de soluciones a la depredación del
entorno en sus comunidades.
El año
pasado, un centenar de grupos ciudadanos formaron la Asamblea de
Afectados Ambientales (AAA), presente en 12 de los 32 estados de este
país de más de 107 millones de habitantes.
Ya se
han reunido en cuatro ocasiones para compartir experiencias y planear
estrategias conjuntas para llamar la atención sobre sus casos.
En 2006,
académicos e investigadores de todo México, disconformes con la
política científica nacional de los últimos 30 años, fundaron la
Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), hoy con
unos 400 miembros activos en áreas como biología, física,
matemáticas, economía, sociología, antropología, ciencia política
y derecho.
Ahora,
esos dos mundos han unido fuerzas.
La UCCS,
con sede en el distrito federal, creó el Observatorio
Socio-ambiental con el fin de "documentar los casos de deterioro
ambiental más graves en México", explica uno de sus miembros, el
economista Rolando Espinoza.
Su
principal fuente de información para trazar ese mapa de problemas
socio-ambientales es la AAA. Ha registrado ya 150 casos, la mayoría
relacionados con "actividades mineras y petroleras, proyectos
hidroeléctricos, desarrollo de infraestructura carretera,
instalación de rellenos sanitarios, disposición de residuos y
demás", sostiene Espinoza.
Los más
comunes tienen que ver con el agua. Por ejemplo, el río Santiago,
situado en el municipio de El Salto, Jalisco. Allí vive González.
"Primero notamos que cada vez teníamos que ir más lejos para
pescar y para recolectar frutos", relata.
"Luego
nos dimos cuenta de la enfermedad y la muerte. No encontrábamos el
origen de los casos de cáncer, insuficiencia renal, dermatitis, vías
respiratorias dañadas y abortos", cuenta la fundadora de la
asociación civil "Un salto de vida".
En los
años 70 se radicaron allí industrias metalmecánicas,
farmacéuticas, alimentarias, maquilas, de la construcción,
petroquímicas y de solventes, casi 200 empresas que lanzan descargas
contaminantes a lo que antes sus habitantes llamaban "el paraíso".
Hoy se caracteriza por el aire con olor a huevo podrido.
Desde
hace un par de años, los activistas buscan el saneamiento de seis
kilómetros de la red hídrica, cuya contaminación afecta la salud
de 150.000 personas que habitan El Salto.
Cuando
comenzaron a manifestar su molestia, las autoridades estadales
reaccionaron desestimando sus argumentos.
"Nos
decían: ‘Demuéstrame que lo que estás diciendo tiene relación
con la contaminación, que tienes cáncer porque hay descargas'",
recuerda González.
En el
sureño estado de Puebla, asegura, se llegó al absurdo de solicitar
un estudio de velocidad y dirección de los vientos a los vecinos de
una colonia afectada por una empresa que reciclaba radiografías y
liberaba humos tóxicos.
"Los
ciudadanos necesitan información, que alguien de una institución
pública, educativa, científica, un laboratorio, algún sabio local
los apoye y los asesore en organizar la información y volverla
significativa", describe Espinoza.
Investigadores
de la UCCS
Por eso
"invitamos a la red de investigadores de la UCCS a que generen o
compartan investigaciones para dar soporte científico a los
argumentos en defensa del ambiente y de la salud", agrega.
La
colaboración de la UCCS y la AAA es la más prolífica, pero abundan
casos de ayuda entre investigadores y ciudadanos.
Los
defensores del río Santiago ya colaboran con investigadores del
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, con
sede en la capital de Jalisco, Guadalajara. Planifican divulgar el
caso en medios de comunicación internacionales y hacer un monitoreo
ambiental de la zona.
Mientras
tanto, alumnos de la Universidad de Guadalajara "hacen estudios de
agua y biopsias en los animales que nos estamos comiendo y de los
pastos con que se está alimentando este ganado", explica González.
Muestras
En
Coatzacoalcos, Veracruz, la Asociación de Productores Ecologistas
Tatexco (Apetac) recibió asesoría de la organización sin fines de
lucro Global Community Monitor, con sede en Estados Unidos. Ésta
enseñó a los productores a tomar muestras de aire que luego son
enviadas y analizadas en un laboratorio de ese país. En esa zona,
describe Rodríguez, hay 500 pozos petroleros, cuatro complejos
petroquímicos, 30 empresas de otros rubros y una refinería. ¿El
resultado? Estacionalmente aparece una nube tóxica que respiran los
habitantes de 45 comunidades.
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