Inicio
¿QUÉ ES, EN DEFINITIVA, LA CRISIS? Imprimir E-Mail
escrito por Leonardo Boff   
lunes, 19 de enero de 2009
El origen filosófico de la palabra crisis es sumamente rico y encierra su sentido originario. La palabra sánscrita para crisis es kri o kir y significa "dispersar" (scatter, scattering), "purificar" (pouring out), "limpiar". En portugués (y en castellano) se conservan aún las palabras acrisolar y crisol, que guardan la reminiscencia de su origen sánscrito. La crisis actúa como un crisol (elemento químico) que purifica el oro de su ganga y acrisola (purifica, limpia) los elementos que se han incrustado a lo largo de un proceso vital o histórico y que, con el tiempo, han ido adquiriendo un papel sustantivo, absolutizándose y apoderándose del núcleo mismo, al punto de poner en peligro la sustancia misma. "Crisis" designa el proceso de purificación de lo más nuclear: lo histórico-accidental, lo que ha asumido indebidamente el papel principal, es relegado a su función secundaria, por más que legítima, pero siempre como secundaria y derivada. Después de cualquier crisis, ya sea corporal, psíquica o moral, ya sea interior y religiosa, el ser humano sale purificado, liberando una serie de fuerzas para una vida más vigorosa y llena de renovado sentido.

Todo proceso de purificación implica ruptura, división y discontinuidad. He ahí otro sentido que puede darse a la palabra "crisis". Por eso tal proceso es también doloroso y adquiere aspectos realmente dramáticos. Pero es en esa convulsión donde se catalizan las fuerzas y se acrisolan los valores positivos contenidos en la situación de crisis. Y es que de "crisis" viene además la palabra criterio, que es la medida por la que puede juzgarse y distinguirse lo auténtico de lo inauténtico, lo bueno de lo malo.

"Crisis", además, significa en griego (krisis, krínein) la decisión en un juicio. Cuando el juez ha sopesado los pros y los contras, emite su decisión. Pero la decisión tiene lugar también en una competición e incluso en una enfermedad. El médico examina los síntomas, conjuga los diversos elementos, sondea, pesa y sopesa... y de pronto acierta con la enfermedad. O cuando el enfermo ha superado el "punto crítico", puede decirse que se ha dado una decisión y que se inicia el restablecimiento. A eso se llama "crisis" en griego. Realmente, toda situación de crisis exige, para ser superada, una decisión, la cual marca el nuevo rumbo. Por eso la crisis está llena de vitalidad creadora; no es síntoma de una catástrofe inminente, sino que es el "momento crítico" en que la persona cuestiona radicalmente ante sí misma su propio destino, el mundo cultural que la rodea, y es convocada, "no a opinar sobre algo, sino a decidirse acerca de algo". Sin tal decisión no hay vida. Las ideas las tenemos; pero las decisiones las vivimos. Por eso la situación de crisis es antropológicamente muy rica. No constituye una tragedia en la vida, sino pujanza y desbordamiento de ésta. Es oportunidad de crecimiento. No es pérdida del suelo bajo los pies, sino desafío que ese suelo vital lanza para una mejor evolución o definición. Por eso la decisión-crisis rechaza algunas oportunidades y opta por otras que pueden hacer florecer la vida o dejar que fenezca. "La crisis no ha nacido del descreimiento, sino del agudo sentimiento de una inadecuación, provocado por la esperanza exigente de un bien posible". Y ese posible hace un llamamiento globalizante a toda la personalidad y le exige un compromiso radical. Sin ello, la crisis jamás será superada, sino siempre diferida. Y las fuerzas positivas contenidas en ella nunca llegan a ser adecuadamente tematizadas. No deja de tener un profundo sentido el hecho de que la religión haya escogido para denominar la superación de la crisis religiosa el término conversión, que es cambio radical de camino, de las coordenadas referenciales del modo de pensar y actuar, creación de un nuevo cielo con otras estrellas que orientan y dirigen la vida.

La crisis, por tanto, es una discontinuidad y una perturbación dentro de la normalidad de la vida, provocada por el agotamiento de las posibilidades de crecimiento de una determinada situación existencial. Mediante una decisión, se crea una purificación de la vida y de su comprensión, abriendo un nuevo camino de crecimiento y desvelando un horizonte de posibilidades que conforman una nueva situación existencial. La crisis tiene entonces un desenlace feliz. Pero si no hay decisión, tampoco habrá purificación eficaz, sino que permanecerá la convulsión de las formas vitales y el oscurecimiento del sentido, que puede degenerar en desesperación, resolviendo así negativamente el recorrido de la vida. La crisis es un proceso normal de todos los procesos vitales: surge de vez en cuando para permitir que la vida siga siendo siempre vida y pueda crecer e irradiar.

Tomado del libro "LA CRISIS COMO OPORTUNIDAD DE CRECIMIENTO" / Leonardo

Boff / Editorial SalTerrae 2004

 

Encuesta de la semana

¿Cómo califica usted la decisión de romper relaciones con Colombia?
 

Responsabilidad Social Empresarial No.1

Responsabilidad Social Empresarial No.2

Especial