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La lactancia materna (LM) ha sido promovida
por la
Organización Mundial de la Salud y reconocida por las sociedades de
pediatría del mundo entero debido a su incalculable valor alimentario y
psicoemocional. El movimiento de crianza natural también ha enarbolado sus
banderas a favor, en la seguridad de que la familia, y en especial la dupla madre-hija/o,
verán crecer su seguridad y confianza como equipo en la medida en que la LM sea exitosa
La imagen del amamantamiento es vista como el más grande
acto de amor del que una mujer es capaz, el nexo insustituible, el paraíso
perdido al que años después queremos regresar. Sin embargo, en redes sociales
de internet como Flickr.com y Facebook.com la sociedad vierte una visión
distinta, por lo que, debido a denuncias de los usuarios, el sistema ha
considerado impropias ciertas imágenes de amamantamiento colgadas en los
perfiles personales, y las ha vetado, impidiendo su visualización plena o
advirtiendo "nudismo". Fotos de perfil sexys, o en ropa interior, e incluso
fotos de otros bustos, no precisamente en situación de lactancia e incluso con
fines contrarios a la Ley
(como los grupos que buscan "los senos más lindos de..."), no son reportadas,
no se consideran obscenas, se visualizan perfecto.
Nuestro punto es justamente, no que Facebook sea el malo de
la historia, sino que el ojo de quien denuncia ve en el pecho que amamanta una
exposición directa e insana del cuerpo, mientras que no la ve en la exposición
objetual, de consumo, del busto de usuarias de la red. Estas denuncias
provienen del común de la gente. ¿Acaso es el mundo al revés? En resumen, es muestra
del rechazo general a las funciones naturales del cuerpo y al poco apoyo que se
encuentra para amamantar.
La desnaturalización
del amamantar
No es nuestro objetivo enumerar las ventajas de la LM, valga simplemente recordar
su valor en la inmunización, en el desarrollo de la musculatura maxilar del/la
bebé, en la conexión sináptica que acelera sus capacidades cerebrales, la
reducción de la ansiedad, la recuperación puerperal de la madre, la conexión
íntima madre-hija/o, la reducción del riesgo de cáncer de mamas.
Sin embargo todo esto queda en palabras cuando toca
maternar. Para muchas mujeres el embarazo, el maternar y la lactancia
significan una especie de "retorno a la caverna" de olvidadas ancestras. Y
nadie está con nosotras cuando estamos en la oscuridad de la caverna y nos
enfrentamos a un hecho (la LM)
que se nos ha hecho desconocido por la coyuntura cultural pero que nos endilgan
como "natural".
Ser madre representa, para cada mujer, un encuentro
extra-ordinario consigo misma, que debería ser elaborado psíquicamente como
parte de su aprendizaje de vida. Esto significa, que todo embarazo debería
propender a ser deseado para ser un acto constitutivo de la vida de la mujer
como individua y no como mera ocupante de un rol social que le observa como
simple reproductora al servicio de la cultura y el patriarcado.
Sin la elaboración de ese deseo individual, el "retorno a la
caverna" se convierte en un reto angustiante y repetitivo de los patrones
culturales de la violencia, el desapego y la falta de creatividad. Cabe
preguntarse entonces ¿cuántas mujeres podemos elaborar la experiencia?
La cultura, basada en paradigmas de dominio de la
naturaleza, ha desnaturalizado una serie de hechos asociados a la maternidad.
Es decir, estamos tan lejos de nuestras ancestras que no tenemos casi modelaje
para esta acción, incluso nuestras madres y abuelas aportan más en el sentido
de los estereotipos y tabúes sociales, que en el sentido de la crianza exitosa
y desarrollo de la profundidad del ser mujer, porque esa es la cultura en la
que estamos inmersas.
Mi hipótesis es que durante unos cincuenta años al menos, en
un gesto que tal vez atañe al entero siglo XX, la emancipación de la mujer se
ha sostenido sobre la entrega de su poder natural relacionado con dar vida. Hemos
pasado por encima de las cabezas de las madres y las amas de casa para edificar
nuestro ascenso en la cultura, los negocios, los estudios, la política.
Se establece entonces una relación paradójica y poco
elaborada con ese poder, pues la estancia con la cría es lo que ha esgrimido el
poder patriarcal para sojuzgar a las mujeres, por lo que ciertas creencias
emancipatorias aceptaron el estilo masculino como la regla de su actuación,
abandonando a la cría y algunas prácticas emocionales y sociales sobre las que
se sustentan la paz y la solidaridad entre seres humanos, tal como la LM y la relación íntima con el
embarazo y la crianza.
Atención, no hablo aquí de una mujer en particular, que
tiene que salir a trabajar al cuarto mes del parto o antes, y por fuerza debe
dejar a su bebé en guardería o con su abuela. Hablo de un gesto cultural en el
que hemos sido afectada/os en términos generales por decisiones tomadas desde
un paradigma que no confía en la mujer y que falsamente protege a la familia.
Este quiebre diurno/nocturno de la mujer ha sido
profundizado por múltiples factores, entre ellos pueden identificarse el
malentendido poder médico, además del poder del capital, representado por las
formas de parir más convenientes para el/la obstetra y el centro médico, el
presupuesto hospitalario, la masificación de la salud, etc., acompañados de la
industria farmacéutica y de alimentos, las cuales se han dedicado a elaborar
productos de consumo relacionados con las funciones nutricias de la LM.
Decisión sobre nuestros
cuerpos
Pero, como siempre se dice en estos casos, cuando pensamos
que estamos llegando a ciertos límites: nuestra generación tiene la oportunidad
de retomar ese poder que hemos cedido volviendo intrascendente la maternidad.
Sinceramente creo que es así en la medida en que observamos la madurez aportada
por los estudios de género, el crecimiento de la comprensión de los derechos
humanos (con especial énfasis en los derechos de niño/as y mujeres), el apoyo
de organizaciones internacionales y de base, las innovaciones de algunas
grandes empresas en cuanto al permiso de maternidad y paternidad, más
recientemente.
Nos queda mucho por reflexionar acerca de la reconciliación
del régimen "nocturno" del maternar y la caverna de las ancestras, y el régimen
"diurno" de la amazona luchadora por su lugar en el mundo y la cultura. Sin
embargo, algunas propuestas legales y laborales están trabajándose en ese
sentido, por lo que se necesita la convicción y voluntad de nosotras mismas
para alcanzar un cambio que puede ser tan verdaderamente revolucionario como el
estallido del feminismo mismo durante el siglo XX.
Pero esto no es tan fácil luego de años, de décadas, de
repetición de mensajes degradantes de la lactancia y la maternidad, en un
entorno de fracaso del sistema de salud pública, donde sobresalen la caída de
los capitales, los embates de las epidemias y las hambrunas, y, desde luego, la
impotencia de las farmacéuticas para simular un producto de la calidad de la
leche materna. En este entorno, la solicitud de las multilaterales no deja de
crear suspicacias.
No es nada fácil desaprender y reaprender. Luego de la
instauración de pobres leyes de protección a la maternidad y a la trabajadora,
ignorantes de las verdaderas circunstancias de género, luego de un proceso de
instauración y aprendizaje de la desconfianza en sus propios cuerpos y falsos
mensajes de superación femenina ("la lactancia te esclaviza y te desgasta"), se
nos pide que volvamos a la caverna y maternemos nuevamente sin elaborar y
superar el conflicto anterior, el malestar cultural, que luchemos contra el
desastre económico y epidemiológico colocando en medio -de nuevo- nuestros
cuerpos.
Sin embargo, nuestra generación y las que vienen, tienen una
oportunidad de edificar sobre lo que parecieran ruinas. En lugar de quejarnos y
conformarnos con lo que tenemos, estamos en el umbral de la renovación y
rescate de lo femenino, sin lo cual no puede haber revolución de ningún tipo.
No podemos cargar un grillete de patriarcado, maldiciendo internamente nuestros
ovarios porque el embarazo no nos permitirá la igualdad.
Camino de los ovarios
Simplemente, nuestros ovarios dictan un camino, que si bien
no es destino, cuando se toma debe hacerse bajo decisiones sólidas y como parte
del proyecto de vida, de construcción de la paz y de combate al machismo, no
como handicap, que es lo que la más reciente aculturación de las mujeres parece
haber asumido bajo las presiones ya descritas, sino como convicción de que
nuestro poder reside en nuestros cuerpos y en la decisión que hagamos sobre
ellos, responsablemente, teniendo en cuenta al otro(a).
Esta premisa encuentra su límite cuando la decisión es no
amamantar. No amamantemos, pero no digamos que es porque nuestro seno es
incapaz de hacerlo, aceptemos, con toda la rigurosidad del momento, que es
porque no hemos recuperado nuestro poder interior, el poder humano que hace que
la vida de las mujeres brille de nuevas maneras. Vivamos con eso, trabajando
por revertirlo: amamantar no es fácil, como tampoco lo es llegar a la
presidencia de una empresa o a ser docente titular de la Universidad, pero vale
lo mismo.
Licenciada en Letras,
Mg. Sc en Estudios Literarios.
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una licencia de libre distribución Creative Commons 2.0
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