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Ahora que
Chávez, con sus 26 leyes -más las otras 26 que "en cualquier momento nos
clava"- se enrumba definitivamente hacia su Comunismo Marxista, ahora que
arremete para destruir cualquier vestigio del Capitalismo o de la empresa
privada, ¡¡ahora es cuando hay que apostarle firmemente al Espíritu Empresarial
y a la defensa de la Economía
de Mercado!! De todas formas vamos a derrotar al sátrapa porque el Comunismo es
absolutamente inviable... pero mejor si ponemos alguito de nuestra parte, si
dejamos las trampitas y las peleiitas necias por la alcaldía tal o cual y si
hacemos el esfuerzo que se requiere para evitar la demolición del empresariado
¡¡vital para la reconstrucción de Venezuela, cuando esta barbarie fracase!!
Pero cuando
hablamos del "Espíritu Empresarial", no nos referimos -como podría esperarse- a
la conocida capacidad emprendedora de los aludidos. Nos referimos más bien, por
esta vez y con la venia del lector, al espíritu empresarial en un sentido mucho
más preciso: ¡¡el alma individual de los empresarios!! La fuerza moral, la
dimensión ética que cada uno de ellos logre desarrollar ante la amenaza cierta
de destrucción de sus empresas, a la que Chávez se apresta. Nos referimos
específicamente a la consistencia anímica que ellos puedan mostrar ante la
arremetida atávica y brutal que sin la menor duda tendrán que enfrentar.
Estamos
hablando de la conciencia que ellos puedan tener -¡¡o desarrollar!! en los
próximos meses- acerca de lo que es la ética. Concretamente:
¿cuántos de ellos podrán descubrir, en los abismos que se avecinan, que la
moralidad o la espiritualidad no son "un conjunto de principios y valores" que se
tienen, tal como se tienen conocimientos, camisas o sillas? Que la ética y, más
concretamente, los valores -valentía, firmeza, perseverancia, dignidad,
templanza y todo lo demás que se requiere para enfrentar a la barbarie- son
realidades espirituales que cualquiera puede desarrollar... cuando la vida lo
presiona, le exige o lo amenaza. Por ejemplo, cuando algún atávico se empeña en
destruirnos el país.
¿Cuántos de
nuestros empresarios -en medio de la tormenta- podrán descubrir o aproximarse a
descubrir, qué es lo humano? O, más "exactamente", ¿qué es su propio espíritu
individual? ¿Cuántos lograrán asomarse al infinito misterio que es el alma, para intuir que
somos una Pura Posibilidad de Ser? No un ser definido -como las mesas, los
perros y las cajas- sino algo radicalmente indeterminado, un fluir absoluto que
en alguna medida puede ser lo que él decida ser. Que los principios y valores
no son -repetimos- algo que tengamos, como se tiene la ropa interior, sino los
compromisos y responsabilidades ¡¡que nuestro espíritu es capaz de imponerse a
sí mismo!! ¿Cuántos hombres de empresa saldrán de esta crisis habiendo
entendido lo que de verdad significa ser Imagen y Semejanza de Dios?
¿Cuántos de
ellos lograrán derrotar moralmente a Chávez? Asumiendo que para derrotarlo -moralmente,
insistimos- no basta con saber que el Socialismo del siglo XXI, es decir, el
Comunismo, es exactamente la misma estafa que fracasó en Rusia, en China y en
Cuba; sino que hay que saber, y saberlo profundamente, existencialmente, que el
Capitalismo no tiene unas bases morales muy sólidas; y que la Empresa Privada
-como pura posibilidad de ser, que también es- tiene el chance de impulsar
dentro de la sociedad esa eticidad mínima que Occidente perdió hace rato. Esa
fuerza moral que nos puede llevar a ver al obrero, no como un extraño o, peor,
no como un subordinado, ¡¡sino como un hermano!!
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