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César Seco: El gesto de recordar Imprimir
escrito por Especial DLA   
domingo, 31 de agosto de 2008
ALLÁ ARRIBA ESTÁ MI CASA

ALLÁ ARRIBA ESTÁ UNA CASA EN CUYA PIEDRA

la cal y el musgo encuentran dicha.

Casa entre dos árboles y un río.

Casa donde caen las naranjas y nadie las recoge.

Casa allá. Casa muda.

Bajo mis pies lajas y terrones se desmoronan.

Casa donde Dios se asoma y me alumbra el precipicio.

Un cuaderno abierto me espera allá en el cuarto.

Las líneas de sus páginas viajan en silencio.

Vive en la sombra mi cuaderno.

Vive un pájaro en su margen.

Cuaderno blanco de mi sueño.

Si lo abro pasa un río.

EL ÁRBOL CRECE EN MEDIO DE LA NOCHE

EL ÁRBOL CRECE EN MEDIO DE LA NOCHE.

Por dentro de la savia el insomnio.

Al tallo el viento trae remolinos.

Jauría babeante de distinta garra,

puños, descamisados portando filosas hachas.

Sus ramas rasgan el cielo.

Su corteza el escenario.

Son sus hojas las que caen, sus muchos rostros.

¿Quién puede con la luz de su ceniza?

Aquí su pánica advertencia.

Un corazón de luz está subiendo.

Platos rotos. Chiripas en el pan diurno.

El árbol de la locura crece en medio de la noche.

ÁNGELUS

Trémula la piel del día enmudece.

Mis ojos redondean la luz que va de ida.

El papel. El lápiz. La mesa.

Cada uno palpita a su manera.

Cada uno ocupado por su astro.

Cierta palabra abre la ventana.

El sol grande, digno a lo lejos.

Espigas de sus chispas sostienen el cielo.

Estoy conmigo. Estoy en mí.

El silencio suena.

INVISIBLE

La noche que caminamos apenas comienza

Juntos la hemos traído hasta aquí

Ya no hay más, dejé de mí cuanto era

Estos días ya no tienen mis pies

Lo que borran detrás es hilo indiviso

Trozo de nadie, escalera sin sostén

Escucho el agua como nada escucho venir

Allá arriba el lobo aúlla

pasadizo en sus ojos no hay

En su pelambre no hay luna

 No hay de donde saltar

Aúlla allá cual si una mano sustrajera una

Estrella

                                  a Benito Mieses

ÁRBOLES

Qué conversan estos árboles

Qué dicen a media tarde

Cuando alguien demora

En cruzar de esquina

Qué hablan, qué discuten

Acaso escuchan que el corazón

De ese alguien se anuda

Y desanuda en sus raíces

Qué escriben en el aire sus hojas

Qué diálogo suscita la altura

De sus frondas y tallos macizos

Donde ese alguien se detuvo

Qué dicen, qué callan

Qué vocablo mueve sus ramas

                                                        a Eugenio Montejo

 
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