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La pregunta, aunque pareciera necia y su
respuesta de Perogrullo, no es caprichosa, ni extravagante. Está a la orden del
día, sobre todo cuando uno observa la agresiva arremetida de Chávez, que busca
control absoluto sobre el espectro nacional, en vísperas de las definitorias
elecciones regionales ; y la reacción dubitativa, aparentemente conceptual, sin
muchas traducciones concretas de las fuerzas democráticas, más allá de los
acuerdos unitarios en 19 gobernaciones de 22, unas 180 alcaldías de 335; y
aquellas que emanan de un pragmatismo
que no se corresponde con la realidad, que en vez de prepararse para el
verdadero combate, aparecen enfrascadas en una escaramuza infantil de "dimes y
diretes" .
Chávez, sin salirse del "border line" de la
democracia, caminando como un equilibrista sobre el filo de una navaja legal y
de la tentación de ejercer su
autocracia, se ha venido moviendo, primero con la
Constituyente y la nueva Constitución de 1999, la cual
le resultó insuficiente para dotar de un blindaje legal a su esquema
autocrático. Después disolvió el Congreso y
relegitimó los poderes públicos
en el 2000.
Luego de ir controlando progresivamente las
instituciones, Pdvsa, los poderes públicos, la FAN, el BCV, se aventuró en una reforma que
buscaba perpetuarlo en el poder, que fue derrotada el 2 de diciembre. Ahora
intenta reeditar esa búsqueda mediante la aprobación de 26 decretos leyes
hechos por la vía de una generosa
habilitante que le concedió la genuflexa AN, escenario del cual se
retiraron las fuerzas democráticas, para complacer otros caprichos, similares
pero de signo contrario, como los expresados por Henry Ramos Allup, con sus
erráticas "teorías" abstencionistas y de caída del régimen, en el 2005.
¿A dónde nos conduce Chávez?. Para unos a un
comunismo, para otros a un totalitarismo o a la reedición del fracasado esquema
cubano. Da lo mismo el nombre que se le ponga. Se trata de un modelo
autocrático, regresivo, militarista, ineficiente, atrasado, que no se
corresponde con el progreso, ni los niveles de desarrollo por los que marcha el
universo globalizado del siglo XXI. Éste se fundamenta en su liderazgo
caudillista, en el peso económico que le da la riqueza petrolera y en el
control de una FAN rediseñada para estar al servicio de sus intereses
personales y grupales, en el mejor estilo de la de Sadam Hussein, Kim Jon Il o
Fidel; conjugados con un talante, "entre dulce y fuerte como el guarapo", que
copia a Robert Mugabe en Zimbabue. Ese, y no otro, es el cuadro.
Los 26 decretos-leyes no son un juego, como el
que tontamente tienen algunos partidos opositores entretenidos con algunos
aspirantes a gobernadores y alcaldes, que los ocupan en sus conucos; dejando de
lado al país, en el que está montado, con claridad meridiana, Chávez y su
proyecto de perpetuación en el poder, que se consolidará o debilitará el 23
noviembre.
Veamos algunas perlas:
El Presidente por vía del Consejo Central de
Planificación puede designar funcionarios de alto nivel con facultades
similares y paralelas, manejando recursos especiales, a las de gobernadores y
alcaldes. Los famosos Vicepresidentes. Se elimina la descentralización. Se
incorporan a la Administración
Pública, con poder de ejecución, los consejos comunales y las
Misiones, que serán controlados por el PSUV.
El Presidente tiene poderes plenipotenciarios
sobre la FAN y
los medios de producción. Puede expropiar cualquier bien, sin previa declaración de utilidad pública.
El 5
por ciento de la producción, como el caso de la pesca, debe ser entregado a
entes comunales, controlados por el PSUV. Lo bienes y servicios, incluidos
electricidad, agua, telecomunicaciones, hotelería y turismo, así como el uso de
las tierras, pasan a depender de los criterios exclusivos del Ejecutivo nacional.
A esto, por decirlo de manera sucinta, estamos
enfrentados. O no ocupamos de los conuquitos o salimos a pelear por el país.
Las cartas están echadas.
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