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Chávez se atornilla en el poder, se apropia
indebidamente de las Fuerzas Armadas con el cargo Comandante en Jefe, a
semejanza de los dictadores africanos del pasado y del presente; avanza sin
muchos obstáculos con su proyecto comunista porque hay mucha gente en la
oposición dormida en los laureles y quiere, o le conviene creer, que estamos en
democracia.
La clase política no se da cuenta de que Chávez acaba de dar un golpe de Estado
con el visto bueno del Tribunal Supremo de Justicia y no le conviene que se
alborote más el avispero. La dirigencia está concentrada en las elecciones
regionales y teme arriesgarlas; ni de broma se pasea por el escenario de que no
se realicen. Ojalá que una situación como esa no la tome por sorpresa y
comience a diseñar un plan B.
Eso sí, que no se inspire en la extinta Coordinadora Democrática de aquel
frustrante referendum revocatorio presidencial del 15 de agosto de 2004, que no
tuvo plan B y por eso sus voceros andan como almas en pena pagando, con una
gran falta de credibilidad, por los estropicios dejados en aquella fecha de
ingrata evocación.
La intención de Chávez es chantajearnos con una reforma constitucional de
facto, traducida en los decretos ley, aprobados subrepticiamente el último día
de la Ley Habilitante,
para que no reaccionemos por miedo a sus milicias armadas y entonces se las
ingenie para no realizar los comicios del 23 de noviembre. Que se atreva,
saldrá más perjudicado porque, a medida que imponga su atrabiliaria voluntad,
sumará mayores rechazos.
Con postergarlos no ganará sino más hartada y pérdida de mayor número de
alcaldías y gobernaciones, a no ser que monte otra de sus trampas en el CNE y
nos quedemos nuevamente de brazos cruzados sin reclamar celeridad y transparencia
en los resultados.
Tenemos que darle un "parao" a la pretensión dictatorial de Chávez al
tratar de imponer su socialismo trasnochado, al que le dijimos NO, el pasado 2
de diciembre.
Si no se lo impedimos, tendremos que sufrir hasta lo indecible y aguantarnos la
desgracia de tenerlo hasta el fin de sus días, como se lo permitieron los
cubanos a Fidel Castro y en eso llevan 50 años que podrían ser más, si su
hermano Raúl continúa sin dar pasos hacia la democracia. Tenemos que mirarnos
en el espejo de esa larga tiranía.
Castro y Chávez son dos modelos complementarios de dictaduras, uno es el padre
y el otro se prepara para tomar el relevo. Es hora de que le respondamos en el
terreno que más le teme: en la calle.
Tic tac
Las andanzas de Piedad. La historia de que la senadora colombiana Piedad
Córdoba se hallaba perdida en el centro de Caracas y, por equivocación, llegó a
la sede del CNE estuvo muy mal contada por la rectora Sandra Oblitas, o fue que
nos gastó una broma sin gracia alguna. El asunto tiene que ver con
computadoras. De paso, la senadora llevó al organismo, en un lujoso maletín de
Lois Vuitton, una laptop de su propiedad que contenía valiosa información.
Otra coincidencia más: el comunicado de las FARC contra la prensa colombiana,
la cadena CNN y figuras del periodismo del vecino país; esgrimen los mismos
argumentos utilizados por el presidente Hugo Chávez, el ministro Andrés Izarra
y otros voceros del oficialismo, cuando injurian a la gran prensa, tanto
nacional como internacional. ¿Será que desde las selvas colombianas les mandan
el guión, o viceversa? Tic tac.
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