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"¡Tinto con
leche y marrón que así está la situación, vengan a tomar cafecito peruano y
ecuatoriano!". Expresiones como ésta quedaron en la memoria de los
garciahevienses. El patrimonio viviente del municipio es variado, faltarían
páginas para escribir lo que hay. Doña Cristina Gamarra, "Juanita" y Luis
Villasmil, guarda vías del Gran Ferrocarril del Táchira cuenta como fueron sus 27
años trabajando para el transporte férreo
Una historia, una vivencia, un recuerdo que
quedó plasmado en los años mozos del municipio García de Hevia. Lo que ayer
fueron frases sacadas del ingenio para subsistir ante las adversidades del
tiempo, hoy forman parte de la memoria de un pueblo que nació desde las
entrañas del gran Ferrocarril del Táchira.
El patrimonio viviente se puede categorizar entre
lo tradicional oral, que son testimonios narrativos y discursivos sobre
acontecimientos y conocimientos significativos para una comunidad en particular
que se transmite de generación en generación, mediante la narración oral. Esas
son explicaciones que se dan en caso particular de lo que es para un pueblo, un
patrimonio viviente.
Personajes
recordados
Así como doña Cristina Gamarra, una señora de
contextura robusta y con una memoria impresionante para la edad que hoy día
tiene, existen otros personajes que quedaron grabados en la historia del
municipio García de Hevia. Tal es el caso de "Juanita", una mujer que desde su
nacimiento quedó postrada en una silla de ruedas y que hoy recorre las calles
de La Fría en un
triciclo de tres ruedas diseñado por ella misma.
El triciclo tiene características
significativas. Tres ruedas, un volante para una sola mano y un posadero donde
lleva consigo una caja, donde posiblemente guarda lo que por caridad mucha
gente le regala.
A "Juanita" se le ve recorriendo las principales
calles con una sombrilla gigante.
Quizás, muchos dirán que es una menesterosa,
pero como ella misma expresa: "me da pena pedir, vivo de lo que por voluntad me
dan en la calle, pero mi madre nunca me enseñó a pedirle nada a nadie".
"Juanita" fue una mujer de vida normal, con
hijos y hasta un esposo, que lamentablemente hoy todos quedaron fuera de la
vida de quien no sabían, forma parte de un legado, un patrimonio viviente del
municipio García de Hevia.
Relató parte de su existencia, alegando que fue
poseedora de muchos bienes heredados por su madre, pero que hoy en día vive en
un rancho hecho de latas de zinc y caña brava: "vivo sola, por ello en una
oportunidad me robaron todas mis cosas, lo poco que tenía".
Una
historia en 3 ruedas
Proveniente de una familia pudiente, "Juanita"
expresa: "cómo será cuando me vean por este medio. Soy sola, vivo en un rancho
que me compraron cuando me sacaron de la casa de un tío, pero así me llevó la
vida, pa' arriba y pa'bajo".
"Cuando los hijos míos han venido a buscarme,
me les escondo, nunca me encuentran". Esta mujer de aproximadamente 60 años es
nativa de La Popa,
municipio Ayacucho, quien manifiesta que nunca olvidará sus raíces porque "mi
tierra es muy bonita, tengo muchos años que no la visitó", expresa.
Patrimonio
intangible
El patrimonio intangible está constituido,
entre otros elementos, por la poesía, los ritos, los modos de vida, la medicina
tradicional, la religiosidad popular y las tecnologías tradicionales de nuestra
tierra. Lo integran la cultura popular, las diferentes lenguas, los modismos
regionales y locales, la música y los instrumentos musicales tradicionales, las
danzas religiosas y los bailes festivos, los trajes que identifican a cada
región.
"Vendí
cafecito después que se fue el tren"
Doña Cristina Gamarra, de 75 años, patrimonio
viviente del municipio García de Hevia, recuerda cómo fue su infancia por estas
tierras. "Tinto con leche y marrón que así está la situación, vengan a tomar
cafecito peruano y ecuatoriano e importado del Brasil. A veces me preguntaba
una señora que venía de Mérida que por qué decía del Brasil, y yo le contestaba
por que es más barato para importar".
Con jocosidad y dispuesta a contar sus
travesías como vendedora de café y como trabajadora de un restaurante donde
comían los trabajadores del Gran Ferrocarril del Táchira, Cristina Gamarra dice
que conoció muchos maquinistas.
Prosiguió relatando que donde actualmente
queda la llama bolivariana quedaba una casita donde "dormían los maquinistas.
Allí vivía Renato Altuve, un fogonero de los que le metían leña a las
locomotoras.
Cuenta que viajó en varias oportunidades en el
Gran Ferrocarril del Táchira. "Viajé para la Estación Boca del
Grita y Estación Táchira, que tenía muchos nombres: Cara e' Perro, Valles de
Rivas Berti. Esa estación estaba en lo que hoy se conoce como San Félix".
El guardavías
Jesús Villasmil
Con 84 años de edad, Jesús Villasmil, nativo
de Encontrados, estado Zulia, uno de los guardavías del Gran Ferrocarril del
Táchira, cuenta con muy poca lucidez lo que fue su vida. Hoy luego de más de 50
años de haberse retirado del trabajo como guardavías relata sus travesuras como
trabajador.
"Cuando inicié a trabajar era un niño, usaba
pantalones cortos, y para esa época quien los llevaba era porque era de poca
edad. Cuando venía el jefe en un carro antiguo nos teníamos que esconder porque
no podían trabajar niños en ferrocarril, pero a la hora del pago, salía otro y
cobraba por mí".
Con una sonrisa en los labios, con la mirada
fija y con una gracia al hablar, Villasmil manifiesta que laboró por toda la
vía, llevando y trayendo gentes de todas partes. Entre los episodios que
recuerda, se encuentra un accidente que dejó muertos.
Hoy en día, no es difícil conseguir a este
importante personaje porque se posa desde tempranas horas de la mañana a
orillas de uno de los puentes que atravesaba el Gran Ferrocarril del Táchira
que data de 1913. "Allí paso parte del día. Es más fresco y me trae recuerdos".
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