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Tradición oral del municipio: Patrimonio viviente Imprimir
escrito por Eliana Millán Montiel /DLA Táchira   
jueves, 07 de agosto de 2008
    "¡Tinto con leche y marrón que así está la situación, vengan a tomar cafecito peruano y ecuatoriano!". Expresiones como ésta quedaron en la memoria de los garciahevienses. El patrimonio viviente del municipio es variado, faltarían páginas para escribir lo que hay. Doña Cristina Gamarra, "Juanita" y Luis Villasmil, guarda vías del Gran Ferrocarril del Táchira cuenta como fueron sus 27 años trabajando para el transporte férreo

Una historia, una vivencia, un recuerdo que quedó plasmado en los años mozos del municipio García de Hevia. Lo que ayer fueron frases sacadas del ingenio para subsistir ante las adversidades del tiempo, hoy forman parte de la memoria de un pueblo que nació desde las entrañas del gran Ferrocarril del Táchira.

El patrimonio viviente se puede categorizar entre lo tradicional oral, que son testimonios narrativos y discursivos sobre acontecimientos y conocimientos significativos para una comunidad en particular que se transmite de generación en generación, mediante la narración oral. Esas son explicaciones que se dan en caso particular de lo que es para un pueblo, un patrimonio viviente.

Personajes recordados  

Así como doña Cristina Gamarra, una señora de contextura robusta y con una memoria impresionante para la edad que hoy día tiene, existen otros personajes que quedaron grabados en la historia del municipio García de Hevia. Tal es el caso de "Juanita", una mujer que desde su nacimiento quedó postrada en una silla de ruedas y que hoy recorre las calles de La Fría en un triciclo de tres ruedas diseñado por ella misma.

El triciclo tiene características significativas. Tres ruedas, un volante para una sola mano y un posadero donde lleva consigo una caja, donde posiblemente guarda lo que por caridad mucha gente le regala.

A "Juanita" se le ve recorriendo las principales calles con una sombrilla gigante.

Quizás, muchos dirán que es una menesterosa, pero como ella misma expresa: "me da pena pedir, vivo de lo que por voluntad me dan en la calle, pero mi madre nunca me enseñó a pedirle nada a nadie".

"Juanita" fue una mujer de vida normal, con hijos y hasta un esposo, que lamentablemente hoy todos quedaron fuera de la vida de quien no sabían, forma parte de un legado, un patrimonio viviente del municipio García de Hevia.

Relató parte de su existencia, alegando que fue poseedora de muchos bienes heredados por su madre, pero que hoy en día vive en un rancho hecho de latas de zinc y caña brava: "vivo sola, por ello en una oportunidad me robaron todas mis cosas, lo poco que tenía".

Una historia en 3 ruedas

Proveniente de una familia pudiente, "Juanita" expresa: "cómo será cuando me vean por este medio. Soy sola, vivo en un rancho que me compraron cuando me sacaron de la casa de un tío, pero así me llevó la vida, pa' arriba y pa'bajo".

"Cuando los hijos míos han venido a buscarme, me les escondo, nunca me encuentran". Esta mujer de aproximadamente 60 años es nativa de La Popa, municipio Ayacucho, quien manifiesta que nunca olvidará sus raíces porque "mi tierra es muy bonita, tengo muchos años que no la visitó", expresa.

Patrimonio intangible

El patrimonio intangible está constituido, entre otros elementos, por la poesía, los ritos, los modos de vida, la medicina tradicional, la religiosidad popular y las tecnologías tradicionales de nuestra tierra. Lo integran la cultura popular, las diferentes lenguas, los modismos regionales y locales, la música y los instrumentos musicales tradicionales, las danzas religiosas y los bailes festivos, los trajes que identifican a cada región.

"Vendí cafecito después que se fue el tren"

Doña Cristina Gamarra, de 75 años, patrimonio viviente del municipio García de Hevia, recuerda cómo fue su infancia por estas tierras. "Tinto con leche y marrón que así está la situación, vengan a tomar cafecito peruano y ecuatoriano e importado del Brasil. A veces me preguntaba una señora que venía de Mérida que por qué decía del Brasil, y yo le contestaba por que es más barato para importar".

Con jocosidad y dispuesta a contar sus travesías como vendedora de café y como trabajadora de un restaurante donde comían los trabajadores del Gran Ferrocarril del Táchira, Cristina Gamarra dice que conoció muchos maquinistas.

Prosiguió relatando que donde actualmente queda la llama bolivariana quedaba una casita donde "dormían los maquinistas. Allí vivía Renato Altuve, un fogonero de los que le metían leña a las locomotoras.

Cuenta que viajó en varias oportunidades en el Gran Ferrocarril del Táchira. "Viajé para la Estación Boca del Grita y Estación Táchira, que tenía muchos nombres: Cara e' Perro, Valles de Rivas Berti. Esa estación estaba en lo que hoy se conoce como San Félix".

El guardavías Jesús Villasmil

Con 84 años de edad, Jesús Villasmil, nativo de Encontrados, estado Zulia, uno de los guardavías del Gran Ferrocarril del Táchira, cuenta con muy poca lucidez lo que fue su vida. Hoy luego de más de 50 años de haberse retirado del trabajo como guardavías relata sus travesuras como trabajador.

"Cuando inicié a trabajar era un niño, usaba pantalones cortos, y para esa época quien los llevaba era porque era de poca edad. Cuando venía el jefe en un carro antiguo nos teníamos que esconder porque no podían trabajar niños en ferrocarril, pero a la hora del pago, salía otro y cobraba por mí".

Con una sonrisa en los labios, con la mirada fija y con una gracia al hablar, Villasmil manifiesta que laboró por toda la vía, llevando y trayendo gentes de todas partes. Entre los episodios que recuerda, se encuentra un accidente que dejó muertos.

Hoy en día, no es difícil conseguir a este importante personaje porque se posa desde tempranas horas de la mañana a orillas de uno de los puentes que atravesaba el Gran Ferrocarril del Táchira que data de 1913. "Allí paso parte del día. Es más fresco y me trae recuerdos".

 
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