|
Una buena escuela basada en las viejas ideas
positivistas es hoy una mala escuela, ¡cómo será de mala una mediocre escuela concebida
bajo esos paradigmas ya superados! La escuela tradicional que hoy predomina
está diseñada sobre el paradigma que creía que la razón lo era todo, y que con
base a un razonamiento lógico se encontraba la verdad objetiva. Era una
excelente escuela para un mundo sostenido por la modernidad, por la ilustración
y por un mundo que confiaba en el avance inexorable de la humanidad, gracias a
la ciencia y la tecnología. Eran los tiempos del racionalismo cartesiano.
Hoy, gracias a los avances de la misma
ciencia, los paradigmas del optimismo, de la objetividad y del mecanicismo dan
paso a nuevos arquetipos o líneas de pensamiento que privilegian otras formas
alternativas de acercarse al conocimiento. Ya no se debe enseñar "la verdad" o
"el conocimiento" o "la realidad objetiva", sino que se debe enseñar a pensar, a
aprender, a indagar, a buscar información y a adquirir destrezas para
sintetizar, criticar y expresar nuevas ideas, a conversar sobre diversas
maneras de observar los fenómenos. La objetividad y la certeza dan paso a la
incertidumbre. La linealidad a los sistemas complejos. El dogmatismo a la duda
que incita a la indagación.
La tragedia de nuestra educación adquiere su
verdadera dimensión, cuando comprobamos que ni siquiera tenemos una buena
escuela para los viejos tiempos. Y las escuelas de educación siguen formando
(¿deformando?) maestros para aquel tipo de formación ya superado. Pero,
lamentablemente, de muy mala calidad.
Barack Obama, quien según los sondeos de
opinión será el próximo presidente de los Estado Unidos, plantea tres prioridades de inversión para
hacer más competitivo a su país: educación, ciencia y tecnología e
independencia energética. En educación sus planteamientos van dirigidos a la
actualización de un currículum más riguroso que ponga en énfasis en las
matemáticas, la ciencia y el idioma; más horas y más días de clase para dar a
los niños el tiempo y la atención continua que necesitan para aprender;
educación desde una edad temprana, evaluaciones sensatas y centradas en el
rendimiento, y la contratación de profesores más efectivos y de directores de
escuela capaces de cambiar las cosas. (Obama. La Audacia de la Esperanza. Península,
2008). ¡Y se está refiriendo a uno de los países más desarrollados del mundo!
Luego de aquel memorable trabajo del Dr.
Arturo Uslar Pietri sobre la educación
venezolana, y la famosa frase del Ministro Antonio Luis Cárdenas: "nuestra
educación es un fraude", que no se tradujo en acciones, poca cosa ha pasado en
Venezuela en esta materia, aparte de discursos, frases y algunos esfuerzos
heroicos. Y algunos cambios para empeorar, o por razones cosméticas.
Hoy el desafío es mucho más gigantesco que
antes, pues no solo hay que contar con una buena escuela, o una buena
educación, sino que hay que tenerla de conformidad con esta nueva revolución
científico - tecnológica. Un cambio radical en la educación es fundamental si
queremos superar la tragedia del subdesarrollo, de la pobreza y del atraso.
Se exige un cambio radical en la mirada, es
decir en la forma de ver el proceso educativo, no como un cúmulo de conocimientos
que una persona o una institución tiene, y que debe entregársela a una persona
mediante unas clases, sino como unos variados caminos de aprendizaje continuo
donde lo sustantivo es la constante búsqueda, de tal manera que lo que hay que
aprender es justamente a buscar, indagar, investigar.
En esta materia tan delicada podemos y debemos
esperar un gran cambio general de la educación venezolana, pero mientras tanto
se da ese sueño que luce muy lejano, los buenos maestros y las buenas
organizaciones educativas pueden hacer buenos milagros. Si cambiamos.
|