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El Velorio del Niño Jesus Imprimir E-Mail
escrito por Dayanira Molina   
miércoles, 13 de febrero de 2008
  En los pueblitos del Estado Trujillo el fin de la Navidad se celebra con la devoción del "Velorio del niño Jesús" en el cual la particular palabra "velorio" que para la mayoría denota "muerte", se transforma en sinónimo de Fe, al representar la unión de familias y vecinos para cantarle al niño Jesús. El pesebre se remoza, se apretan los bombillitos de la instalación y se levantan las ovejas que han sucumbido bajo el implacable paso de las fiestas navideñas o simplemente, porque la mano divertida de algún niño que se "metió  con los coroticos del pesebre"; en fin, vuelve la navidad por un ratito para  despedir al niño Jesús y sus acompañantes, y para desearle Feliz Viaje a los familiares que han venido a visitarnos y avisarles que ya es el tiempo de "calabaza, calabaza...". La noche del Velorio del niño llegan "los cantores" ataviados con su mejor ropa, todos alegres de ser retrato vivo de una tradición ancestral. En la casa de la Abuela Dolores, como en las demás casas de las abuelas que se han ido, pero que supervisan desde el cielo el cumplimiento de las promesas que ellas iniciaron cuando formaron un hogar; toda la familia cumple año a año con la tradición  en su memoria y por su mandato, agradeciendo esta herencia de fe, unión y humildad. Preparamos la comida para "los cantores" y vecinos, prendemos el fogón y la casa se alegra, pelamos las verduras del sancocho, le ponemos bastante agua y sal "pa'que rinda", y por supuesto reventamos morteros. En tiempos de la abuela, donde no había celular,  el mortero cumplía la misión de invitar a los vecinos, a través del estruendo de la pólvora al velorio del niño, en casa de Doña Dolores, la tradición le ganó a la tecnología y en pleno siglo XXI, el mortero sigue surcando el aire con alegría. Llegan los cantores y se preparan para comenzar el canto que sólo ellos saben y que mezcla el Santo Rosario con pasajes de la Biblia,  "el cantor" lo trasmite de generación en generación de boca a oído, sin escribirlo, sólo con el ejemplo y la devoción. Ocho cuatristas, todos cantantes, organizados en voces principales y secundarias y por supuesto un acompañante, que carga los instrumentos, manda a callar a quien haga bulla, mantiene alejados a los perros mal educados que no faltan en las casas del campo y reparte el traguito de aguardiente "para afinar la garganta"; en cada misterio del Rosario revienta un mortero y los que no somos "cantores" rezamos los Padres Nuestros y las Ave Marías, los que ni rezan ni cantan se sientan afuera a conversar. Al final del rezo, los versos improvisados piden a los dueños de la casa que paseen al Niño, que lleva casi dos meses acostado en el pesebre. Aparece el mantel que la abuela guardaba para esta ocasión y utilizándolo como hamaca mesemos al Niño, paseándolo por el vecindario. Siempre acompañados por los "cantores" que dedican  sus versos a la Virgen, San José, al Niño Dios, la Mula y el Buey; agradeciendo también a los dueños de la casa donde se celebra el velorio. Entre esta algarabía y recordando el misterio de " El Niño perdido y hallado en el Templo", alguien de los presentes se "roba al Niño" llevándolo a hurtadillas a la casa de algún vecino, donde enciende una vela para que la Luz guié a "los pastorcitos" en la búsqueda hasta que la multitud llega a la casa del "ladrón" donde encuentran al niño perdido y lo entregan al organizador del velorio; y es así entre chanzas y versos se amarra al ladrón y se recupera al niño llevándolo de vuelta a su pesebre, mientras se pide castigo ejemplar para el raptor, quien sólo se salva al prometer que no lo volverá a hacer, pone cara de arrepentimiento, se hinca y reza un Padre Nuestro al Niño. Todos cantan y piden al niño que nos proteja y ampare durante el año que comienza,  a los "amos de la casa" que sirvan el sancocho y al ayudante que traiga un traguito para las gargantas cansadas. Después de reposar y compartir en la mesa como una sola familia, comienza el baile con música de cuerdas, pero... ¡a bailar afuera por que le echan funda al Niño! (como decía la abuela Dolores).   

Así somos en esencia los venezolanos, familia, música, fe, unión y alegría, así eran nuestros abuelos y así seguiremos siendo. ¡Mantengamos vivas las tradiciones!

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