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Partiendo
del conocimiento de lo que somos, debemos enfrentar la creencia de
que los trujillanos somos pobres. Lo que sí creo es que por estar
enganchados en glorias pasadas hemos descuidado el presente, esto ha
dejado en evidencia algunas debilidades, que pudiéramos atender. Un
paso importante es reencontrarnos con nuestra identidad y contagiarla
a todos cuanto podamos
"Presentarse
es exponerse. Mostrarse es invitar al otro a conocer los
rincones secretos del propio pensamiento (...) Las ideas creativas a
menudo resisten el corsé de la lógica. Por eso cuando abrimos
nuestro pensamiento a la mirada del otro es necesaria una cuota de
humildad", esto lo dice Fredy Koffman en su libro
"Metamanagement".
Quisiera
desarrollar este diálogo con tres puntos fundamentales: el valor de
lo rural, el mito de que "somos pobres" y el Trujillo del 2030.
Yo
soy rural y el serlo me ha permitido generar competencias y
actitudes; capacidades que me han ayudado a crecer tanto personal
como espiritual y profesionalmente.
Crecí
en un pequeño pueblo de los Andes trujillanos llamado Chejendé,
un pueblo con calles empedradas, noche frías y húmedas que eran
marcadas por el manto de la niebla nocturna que mojaba los
corredores. Era inevitable desde chico el generar conciencia
ecológica, con el contacto directo con la naturaleza al pasearse por
los caminos reales que conectaban a los sectores del pueblo. Era un
pueblo pequeño de no más de 700 habitantes, por lo que era difícil
no conocer a alguien y que no te conocieran por tu nombre, sobre todo
por las personalidades principales, símbolos de respeto, con lo
cual tu identidad se fortalecía.
Conciencia
ecológica, identidad, respeto, entre muchas otras, son distinciones
que se las debo a ser rural, a ser chejendino, a ser trujillano y que
han potenciado mi "hacer", seguro estoy que muchos de los que
lean estas líneas se verán y se sentirán reflejados en cada una de
esas distinciones. Nuestros entornos nos definen, y en estos
tiempos nos brindan valores que debemos potenciar, aprovechar y
difundir.
Mi
segundo punto invita a reflexionar sobre la expresión
"Trujillo es un estado pobre", para ello quisiera invitarlos
a preguntarse ¿Son las anteriores distinciones representación
de pobreza? ¿Una persona con estas distinciones debiera sentirse
inferior? Desde mi mirar no, a los trujillanos nos han sembrado la
falsa idea de que somos pobres cuando en realidad somos ricos, es
Trujillo tierra de grandes riquezas; y no hablo fundamentalmente de
su producto interno bruto, ni del número de empresas trujillanas,
hablo de la riqueza humana que ha aportado a Venezuela, desde sus
logros históricos a los contemporáneos.
Somos
ricos
Somos
ricos, no pobres; para Margarte Wheatley "El desarrollo de una
organización se fundamenta en su gente", y para Rafael Echeverría
"Las organizaciones se hacen, en su conversar"; entonces,
que pasaría si vemos nuestro estado como una organización, a
nuestros municipios como coordinaciones, a nuestros entes públicos
como unidades de apoyo y valoramos nuestro talento, seguro estoy
que las realidades serían otras.
Lo
que sí creo es que con el transitar del tiempo y enganchados en
glorias pasadas hemos descuidado el presente, esto ha dejado en
evidencia algunas falencias, que pudiéramos atender, como por
ejemplo:
Reencontrarnos
con nuestra identidad y contagiarla a todos cuanto podamos, ¿Por
qué no organizarnos y promover las ferias de la trujillanidad?
Debemos
gerenciar de mejor manera nuestro capital relacional ¿Cuántos
trujillanos exitosos hay en el mundo? ¿Existe una organización que
los concentre? ¿Por qué no aprovechar las nuevas tecnológicas para
encontrarlos y enamorarlos nuevamente de su tierra?
¿Por
qué no promover la generación de nuevas empresas trujillanas y a su
vez promover el "Yo compro trujillano"? mostrar a los de adentro
y a los de afuera la excelencia de nuestros productos y coraje de
nuestros emprendedores. ¿Por qué no lograr la certificación de
origen de nuestros platos típicos?
¿Por
qué no pensar en una asociación de universidades trujillanas que
promuevan y provoquen un concepto de universidad distinta,
comprometida, lugarizada que apunte a "sembrar identidad"?
¿Por
qué no pensar en el premio a la trujillanidad que reconozca la
destacada trayectoria de trujillanos y/o organizaciones en el mundo?
¿Por qué no convertirnos en la capital mundial de la paz? O en el
primer estado ecológico del país.
No
basta con soñar
Sé
que son muchos los que pueden estar en este momento soñando lo
mismo, pero no basta con soñar, reconocer y reflexionar; se requiere
accionar. Esta idea la dibuja claramente Rafael Echeverría en
su libro "El observador y su mundo", cuando escribe: "No solo
actuamos como somos sino que también somos de acuerdo a como
actuamos (...) La acción genera nuestro ser"; y somos nosotros lo
que estamos llamados a "ser" quienes dignifiquemos el esfuerzo
de nuestros antecesores.
Para
cerrar, quisiera invitarlos a imaginar el Trujillo de 2030. Yo
imagino un Trujillo conectado donde las nuevas tecnologías
estén al alcance de todos, pero también donde tomar un aerobús
sea cotidiano.
Yo
imagino un Trujillo referencia en el mundo por su clúster del apio
con la mayor producción y mejor investigación en apio de
Latinoamérica, donde la harina, cereal y conserva de apio sean
manjares deseados por muchos.
Yo
veo un Trujillo, con mucho extranjero interesado no solo en el
turismo por ver el lugar donde nació "San José Gregorio
Hernández", sino también en estudiar en la mejor Universidad
Latinoamericana especializada en desarrollo humano
sustentable y en el campus más hermoso del mundo en el corazón del
Valle del Momboy.
Yo
veo una zona industrial próspera, llena de vida y múltiples
emprendimientos e incubadoras empresariales. Nuevas empresas que
promuevan lo local y den valor agregado a nuestros productos.
Yo
veo un Trujillo con un sector público comprometido por el desarrollo
local, que entienda que ya no hay dependencia y la única forma
para ser re-electo es ser eficiente.
Yo
veo un Trujillo verde con una planta eólica generadora de
electricidad con grandes molinos coloridos girando velozmente a largo
de las montañas del Valle del Momboy.
Yo
veo el Trujillo que vieron mis abuelos, mis padres, mis maestras; el
Trujillo que sueña cada uno de los que ha escrito en esta página,
yo veo el Trujillo que sienten todo esos trujillanos comprometidos
con lo local pero conectado a lo global, yo veo ese Trujillo Posible
los trujillanos y trujillanas, que el Trujillo Posible puede ser el
triunfo de lo improbable.
Emprendimiento
y consultoría
Hermann
Pargas Meza es ingeniero en computación con especialización en
Gerencia de Empresas. Se ha cultivado en el tema del Emprendimiento,
Desarrollo Humano Integral, Desarrollo Humano Sustentable y
Responsabilidad Social Empresarial, como también en Gestión de las
Pequeñas y Medianas Empresas. Es miembro activo del Sistema de Apoyo
a la Creación de Nuevas Empresas de Venezuela y de la Red Nacional
de Investigación y Desarrollo de la Micro, Pequeña y Mediana
Empresa. Actualmente, apoya desde la consultoría organizacional el
desarrollo integral de las empresas venezolanas, como facilitador de
espacios para el aprendizaje del emprendimiento, la innovación y la
creatividad.
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