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Trujillo y su gente: una mirada desde lo rural Imprimir E-Mail
escrito por Hermann Pargas Meza   
domingo, 10 de junio de 2012
Partiendo del conocimiento de lo que somos, debemos enfrentar la creencia de que los trujillanos somos pobres. Lo que sí creo es que por estar enganchados en glorias pasadas hemos descuidado el presente, esto ha dejado en evidencia algunas debilidades, que pudiéramos atender. Un paso importante es reencontrarnos con nuestra identidad y contagiarla a todos cuanto podamos

"Presentarse es exponerse. Mos­trarse es invitar al otro a conocer los rincones secretos del propio pensamiento (...) Las ideas creativas a menudo resisten el corsé de la lógica. Por eso cuando abrimos nuestro pensamiento a la mirada del otro es necesaria una cuota de humildad", esto lo dice Fredy Koffman en su libro "Metamana­gement".

Quisiera desarrollar este diálogo con tres puntos fundamentales: el valor de lo rural, el mito de que "somos pobres" y el Trujillo del 2030.

Yo soy rural y el serlo me ha permitido generar competencias y actitudes; capacidades que me han ayudado a crecer tanto personal como espiritual y profesionalmente.

Crecí en un pequeño pueblo de los Andes trujillanos llamado Che­jendé, un pueblo con calles empedradas, noche frías y húmedas que eran marcadas por el manto de la niebla nocturna que mojaba los corredores. Era inevitable desde chico el generar conciencia ecológica, con el contacto directo con la naturaleza al pasearse por los caminos reales que conectaban a los sectores del pueblo. Era un pueblo pequeño de no más de 700 habitantes, por lo que era difícil no conocer a alguien y que no te conocieran por tu nombre, sobre todo por las personalidades principales, sím­bolos de respeto, con lo cual tu identidad se fortalecía.

Conciencia ecológica, identidad, respeto, entre muchas otras, son distinciones que se las debo a ser rural, a ser chejendino, a ser trujillano y que han potenciado mi "hacer", seguro estoy que muchos de los que lean estas líneas se verán y se sentirán reflejados en cada una de esas distinciones. Nuestros en­tornos nos definen, y en estos tiempos nos brindan valores que debemos potenciar, aprovechar y difundir.

Mi segundo punto invita a re­flexionar sobre la expresión "Tru­jillo es un estado pobre", para ello quisiera invitarlos a preguntarse ¿Son las anteriores distinciones re­presentación de pobreza? ¿Una persona con estas distinciones debiera sentirse inferior? Desde mi mirar no, a los trujillanos nos han sembrado la falsa idea de que somos pobres cuando en realidad somos ricos, es Trujillo tierra de grandes riquezas; y no hablo fundamentalmente de su producto interno bruto, ni del número de empresas trujillanas, hablo de la riqueza humana que ha aportado a Venezuela, desde sus logros históricos a los contemporáneos.

Somos ricos

Somos ricos, no pobres; para Margarte Wheatley "El desarrollo de una organización se fundamenta en su gente", y para Rafael Eche­verría "Las organizaciones se ha­cen, en su conversar"; entonces, que pasaría si vemos nuestro estado como una organización, a nuestros municipios como coordinaciones, a nuestros entes públicos co­mo unidades de apoyo y valoramos nuestro talento, seguro estoy que las realidades serían otras.

Lo que sí creo es que con el transitar del tiempo y enganchados en glorias pasadas hemos descuidado el presente, esto ha dejado en evidencia algunas falencias, que pudiéramos atender, como por ejemplo:

Reencontrarnos con nuestra identidad y contagiarla a todos cuan­to podamos, ¿Por qué no organizarnos y promover las ferias de la trujillanidad?

Debemos gerenciar de mejor manera nuestro capital relacional ¿Cuántos trujillanos exitosos hay en el mundo? ¿Existe una organización que los concentre? ¿Por qué no aprovechar las nuevas tecnológicas para encontrarlos y enamorarlos nuevamente de su tierra?

¿Por qué no promover la generación de nuevas empresas trujillanas y a su vez promover el "Yo compro trujillano"? mostrar a los de adentro y a los de afuera la excelencia de nuestros productos y coraje de nuestros emprendedores. ¿Por qué no lograr la certificación de origen de nuestros platos típicos?

¿Por qué no pensar en una asociación de universidades trujillanas que promuevan y provoquen un concepto de universidad distinta, comprometida, lugarizada que apun­te a "sembrar identidad"?

¿Por qué no pensar en el premio a la trujillanidad que reconozca la destacada trayectoria de trujillanos y/o organizaciones en el mundo? ¿Por qué no convertirnos en la capital mundial de la paz? O en el primer estado ecológico del país.

No basta con soñar

Sé que son muchos los que pueden estar en este momento soñando lo mismo, pero no basta con soñar, reconocer y reflexionar; se requiere accionar. Esta idea la dibuja claramente Rafael Eche­verría en su libro "El observador y su mundo", cuando escribe: "No solo actuamos como so­mos sino que también somos de acuerdo a como actuamos (...) La acción genera nuestro ser"; y somos nosotros lo que estamos llamados a "ser" quienes dignifiquemos el es­fuerzo de nuestros antecesores.

Para cerrar, quisiera invitarlos a imaginar el Trujillo de 2030. Yo imagino un Trujillo conectado don­­de las nuevas tecnologías es­tén al alcance de todos, pero también donde tomar un aerobús sea cotidiano.

Yo imagino un Trujillo referencia en el mundo por su clúster del apio con la mayor producción y mejor investigación en apio de La­tinoamérica, donde la harina, cereal y conserva de apio sean manjares deseados por muchos.

Yo veo un Trujillo, con mucho extranjero interesado no solo en el turismo por ver el lugar donde nació "San José Gregorio Hernán­dez", sino también en estudiar en la mejor Universidad Latinoame­rica­na especializada en desarrollo hu­mano sustentable y en el campus más hermoso del mundo en el corazón del Valle del Momboy.

Yo veo una zona industrial próspera, llena de vida y múltiples emprendimientos e incubadoras empresariales. Nuevas empresas que promuevan lo local y den valor agregado a nuestros productos.

Yo veo un Trujillo con un sector público comprometido por el desarrollo local, que entienda que ya no hay dependencia y la única for­ma para ser re-electo es ser eficiente.

Yo veo un Trujillo verde con una planta eólica generadora de electricidad con grandes molinos coloridos girando velozmente a largo de las montañas del Valle del Momboy.

Yo veo el Trujillo que vieron mis abuelos, mis padres, mis maestras; el Trujillo que sueña cada uno de los que ha escrito en esta página, yo veo el Trujillo que sienten todo esos trujillanos comprometidos con lo local pero conectado a lo global, yo veo ese Trujillo Po­sible los trujillanos y trujillanas, que el Trujillo Posible puede ser el triunfo de lo improbable.

Emprendimiento y consultoría

Hermann Pargas Meza es ingeniero en computación con especialización en Gerencia de Empresas. Se ha cultivado en el tema del Emprendimiento, Desarrollo Humano Integral, Desarrollo Humano Sustentable y Responsabilidad Social Empresarial, como también en Gestión de las Pequeñas y Medianas Empresas. Es miembro activo del Sistema de Apoyo a la Creación de Nuevas Empresas de Venezuela y de la Red Nacional de Investigación y Desarrollo de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa. Actualmente, apoya desde la consultoría organizacional el desarrollo integral de las empresas venezolanas, como facilitador de espacios para el aprendizaje del emprendimiento, la innovación y la creatividad.
 
Cámara de Comercio e Industria del Estado Táchira

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