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Hoy
damos continuidad a nuestras ideas sobre el Trujillo posible. En la
primera entrega hablamos de la necesidad de que el Estado, el sector
privado y los ciudadanos participen en la definición de políticas
públicas que garanticen a las próximas generaciones el acceso a más
oportunidades. En esta entrega nos centramos en la necesidad de que
los trujillanos restauremos nuestra identidad
La
restauración de la identidad de los trujillanos es una tarea que
cada uno de los hijos de esta tierra debemos afrontar. La
responsabilidad de los dirigentes es asegurar el lugar que
corresponderá a nuestro estado en el país. Importa mucho que
nos veamos y que nos miren como una sociedad dinámica con una
economía solvente.
Trujillo
no está solo en el país ni en el mundo. Convivimos con los demás
estados y en buena parte dependemos de ellos. Vemos como
estados vecinos, con una cultura muy parecida a la nuestra, como
Mérida, Táchira y Barinas han ido de apoco avanzando y se han
venido desarrollando, y nuestro estado se ha quedando estancado.
Tenemos
que resolver cómo insertarnos con ventaja en un escenario
nacional. Para eso es indispensable que seamos más competitivos
y exigentes. Debemos construir nuestra propia oportunidad a
partir de un gran consenso. Tenemos que hacer grandes reformas, pero
debemos hacerlas pensando en algo más que reducir el déficit, crear
empleo, corregir nuestro modelo educativo o asegurar nuestra atención
a la salud. Miremos más lejos y más alto. Pensemos en lo que
Trujillo necesitará, no el año que viene ni el siguiente, sino en
los próximos veinte años. Tenemos que pensar en el Trujillo que
queremos para nuestros hijos y los nietos de nuestros hijos.
No
se trata de recuperar lo que se fue, ni de ni mucho menos regresar al
pasado. Lo que hemos dejado atrás no va a volver, y nuestro Estado
tendrá que rejuvenecer su actitud, recuperar flexibilidad y
fortalecer sus estructuras para competir por un puesto de primera
fila en un país nuevo.
Doble
tarea
Tenemos
una doble tarea: Vamos a demostrar que los trujillanos somos
capaces de crear empleos y sostener una sociedad civilizada, en
la que los valores que proclama nuestra Constitución (la
libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad) no se queden en
nobles deseos o hermosos enunciados teóricos, sino que definan
realmente la prosperidad que pretendemos, porque forman parte natural
de ese paisaje civilizado en el que queremos habitar los trujillanos.
Pero también es necesario que nos hagamos un sitio en el mundo.
Queremos un hueco para un estado con prestigio, con empleo, con
bienestar, con oportunidades, que nos podamos vender como un gran
destino para inversiones y para el desarrollo de la industria del
turismo y la agroindustria.
La
tarea de los próximos Gobiernos debe consistir en coordinar los
esfuerzos y facilitar las tareas de los ciudadanos, y para tal fin no
existe mejor instrumento para encauzar y coordinar la energía de los
trujillanos que el diálogo. Un diálogo abierto a todos, que incluya
a todos y cada unos de los sectores de nuestra sociedad trujillana.
Un diálogo basado en la transparencia, que estimule la unidad,
fortalezca los objetivos compartidos y facilite el apoyo y la
participación de todos los ciudadanos y de sus organizaciones. Esta
debe ser la principal característica de los nuevos gobiernos
trujillanos.
Los
trujillanos debemos concentrar todos nuestros esfuerzos en reservar
un lugar para nuestros hijos en un mundo que cambia. Sé que es una
tarea difícil, pero sé también que podemos alcanzarlo. Es un
compromiso arduo y exigente, pero es el deber que debemos asumir.
Este es un desafío que merece la pena sostener, porque al final nos
espera el orgullo de triunfar contra la desidia, el abandono, y así
labrar nuestro propio prestigio, de asegurar nuestro estado de
bienestar y, por encima de todo, de allanar el camino a las
generaciones que nos siguen.
Como
todo trujillano, apasionado y amante de mis hijos, de mi tierra
trujillana, y como joven, siento una especial inquietud por nuestra
generación y las que nos siguen. Me preocupa pensar que la vida nos
trata peor de que lo que ayer lo hacía con nuestros padres. No estoy
dispuesto a aceptar que tengamos una generación que pudiera perder
sus oportunidades porque encuentra cerradas las puertas.
Es
necesario que nosotros reclamemos nuestros derechos, para que se
detenga este despilfarro de riqueza y de energía, de que los
recursos de los venezolanos, se los estén regalando a naciones
extranjeras, porque es imposible diseñar un futuro en el que falten
los relevos. Quiero que seamos capaces de ofrecerles oportunidades
nuevas, que defendamos el puesto que les corresponde en una sociedad
justa, que conserven el derecho a soñar y a construir su propio
futuro. Es un desafío, será difícil, pero vale la pena.
Tenemos
una gran tarea, un empeño que sobrepasa las posibilidades de
cualquier gobierno, una responsabilidad a la que nos debemos abocar
todos los trujillanos, porque a todos nos concierne y todos somos
necesarios, y es trabajar en construir las condiciones para que todos
los esfuerzos y sacrificios rindan provecho.
La
unión necesaria
La
primera condición es que todos los trujillanos trabajemos unidos en
un gran esfuerzo solidario. Es importante que desaparezca todo
aquello que pueda enturbiar las aguas de nuestra convivencia. No
pueden haber trujillanos buenos y malos. Los trujillanos tenemos que
ser todos iguales, todos necesarios, todos dignos de respeto, todos
capaces de ayudar en la tarea común. Y nada sostiene con
más firmeza esa tarea que el diálogo, la justicia y la verdad. Los
trujillanos tenemos que trabajar en construir un diálogo permanente
con todos los sectores de la sociedad cuya participación reclamemos
en cada momento. Por supuesto que todo tiene un precio: se llama
esfuerzo, tenacidad y confianza; nuestro esfuerzo, nuestra tenacidad
y nuestra confianza.
Por
eso, porque lo sabemos, los trujillanos debemos sacar partido de
nosotros mismos, y fundar nuestra esperanza en nosotros mismos, y así
construir un futuro para todos. Sabemos bien que nadie piensa
regalarnos nada, que nadie hará lo que no seamos capaces de hacer
por nosotros. Trujillo será lo que los trujillanos queramos que sea
y se situará en el puesto que con nuestros hechos los trujillanos lo
coloquemos.
Docencia
y gerencia
Manuel
Rivero nació en Valera. Es licenciado en Educación Integral del
Iutembi. Ha cursado programas de formación política y ciudadana en
el Centro Gumilla y programas de Planificación Estratégica y de
Planificación de Políticas Públicas en el Ifedec. Entre los
cursos que ha realizado destacan el Diplomado en Gerencia para el
desarrollo humano sustentable de la UVM y Marketing político y
Consultoría del Instituto Latinoamericano de Consultoría
Política -Ilcp. Fue coordinador municipal de Educación Física y
Deporte en el municipio La Ceiba, y secretario General de Copei
(2010-2011). Actualmente es docente de Educación Básica en la
Escuela Bolivariana Neptalí Valera Hurtado. Es padre de dos niños.
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