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Una tradición que mezcla lo indígena, español y africano Imprimir E-Mail
escrito por Mariángela Gatta /ECS   
lunes, 19 de diciembre de 2011
Las pieles negras y morenas de gran parte de la población venezolana dan cuenta de nuestra condición afrodescendiente. El mestizaje no es la única prueba de ello y una de las muestras más significativas son las fiestas en honor a San Benito.

Los africanos llegaron a Venezuela, una tierra lejana y muy diferente a la que conocían. Evadían las penas que les causaban la esclavitud y el yugo español mediante la adoración de dioses como Ajé, Changó, Arebati, Banga, Astar, entre otros. Los negros danzaban al ritmo de los tambores en fiestas aderezadas con alcohol, movimientos de caderas, oraciones y cánticos entonados en honor a sus deidades. Los españoles consideraron que esas celebraciones eran paganas y censuraron a los esclavos, imponiéndoles a sus dioses blancos. Habilidosamente, los africanos camuflaron a Ajé y lo hicieron pasar por San Benito de Palermo, un santo negro de Italia.

Censurados, los africanos empezaron a adorar la imagen de San Benito. Pero a quien estaban rindiéndole culto, en realidad, era a Ajé. Satisfechos por lo que consideraban un éxito evangelizador, los españoles que trajeron a los esclavos hasta Suramérica, permitieron que la fiesta continuara. El tiempo transcurrió y el culto a San Benito se extendió a lo largo de Venezuela. Esa tradición nos recuerda el sincretismo existente en el país. Cada vez que en diciembre se honra al santo negro mientras se tocan los tambores, se trae a colación una parte de la afrodescendencia, pues el corazón de Venezuela es de ébano. Son muchas las comidas y tradiciones que nos legaron los africanos. Si bien es cierto que tenemos mucho de indios y europeos, también tenemos mucho de África.

Chimbángueles betijoqueños

Trujillo cuenta con una rica tradición devota de San Benito, incluso existen variados y nutridos colectivos de Chimbángueles (quienes tocan los tambores en las fiestas del santo negro). En Betijoque hay una cofradía que desde hace 20 años pone a bailar a la región con el rítmico sonido africano. La "Agrupación tamborera de Betijoque" cuenta con 178 miembros, pues la costumbre va pasando de generación en generación. Ramón Graterol, Alberto Bastidas, Teófilo García, Arturo Díaz, y otros integrantes, comenzaron con los festejos en 1991 y hoy día el culto al santo sigue vigente y cobrando fuerza. "Lo llevamos en la sangre y en el corazón. Mi papá era vasallo y yo toco la requinta. Mis hijos siguen ese camino", dice William Tello, miembro de los tamboreros.

El primer domingo de octubre -de cada año- los chimbángueles sacan las imágenes de San Benito de las iglesias de todo el país. El segundo sábado de noviembre, los betijoqueños acuden a un lugar de su terruño, llamado "Las Trincheras". Por eso la celebración fue bautizada como "trincherazo". Allí se reúnen los 8 grupos de esa población y a ellos se suman colectivos de otras zonas como Bobures, Cabimas y La Ceiba.

Para la organización de la actividad, la "Agrupación tamborera de Betijoque" pide colaboraciones a los habitantes del pueblo, la alcaldía hace aportes y también ayuda la empresa Polar. Cuenta Tello que el 25 de diciembre, día cumbre de la fiesta de San Benito, los cuerpos policiales hacen acto de presencia para prevenir incidentes suscitados por el consumo de alcohol (por parte de los asistentes al evento). "Queremos que la gente entienda que esta fiesta es para pasarla bien entre familia, amigos y vecinos. No arruinemos esta bella celebración con el alcohol para que no hayan problemas y el santo esté en paz", recalcó Tello.

Muchos colaboradores, vasallos y creyentes están tras la organización de las fiestas de San Benito. Pedro Pirela, ebanista, "pule" al santo para que esté presentable ante sus adoradores. Pionono Mogollón, tamborero de toda la vida, murió el 25 de diciembre. Para homenajearlo, el resto de la agrupación toca en su nombre, los vecinos bañan de licor la tumba y luego la parranda sigue. Dice Tello que "hacemos el recorrido de Betijoque mientras tocamos y bailamos. Después paramos en mi casa y ahí comemos más de 200 personas. Hago unos 150 litros de sancocho. Mis vecinos, José Gregorio Mogollón y Mario Jerez, colaboran conmigo".

En cuanto a "Ajé", los tamboreros betijoqueños no lo incluyen en sus cánticos, a excepción de Aulio Castellano y Juan Delgado, quienes recitan versos y cantan a la deidad africana. El resto del grupo acompaña las tonadas.

Devoción que perdura

Ismael Pérez, integrante de los "tamboreros betijoqueños", abre la puerta de su casa y, orgulloso, muestra en el patio las docenas de tambores que mantiene arropados, como si fueran niños indefensos. "Hago esto por devoción, para mí no es un trabajo. San Benito me ha concedido muchos milagros, pero el más grande ha sido salvar a mi señora. Ella estaba muy enferma y había que operarla, el asunto era grave. Mi santo me concedió el milagro y pago la promesa que le hice tocando cada diciembre. Todos los días le pido cosas, no para mí, sino para la familia y amigos, para los cristianos".

En diciembre

Turistas, habitantes de Betijoque, zonas aledañas, y trujillanos en general, pueden disfrutar de esta tradición en la que se mezcla lo indígena, lo africano y lo español. La riqueza cultural venezolana tiene un acervo digno de conocer y difundir, pues tradiciones como esa nos identifican y diferencian como pueblo.
 
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