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Lo imperioso es la salud de Trujillo Imprimir E-Mail
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escrito por Hector Briceño/DLA Trujillo   
lunes, 21 de noviembre de 2011
En la serie "Ideas para el despliegue de Trujillo Posible", presentamos reflexiones, sueños y propuestas de la Lcda. Lourdes Dubuc de Isea, escritora y Cronista del municipio Boconó; la invitada señala que el esfuerzo es de todos y propone que hagamos honor a nuestro Himno ¡De Trujillo es tan alta la gloria!
Prefiero divagar sobre lo constructivo que sobre las penurias que agobian al territorio trujillano. Prefiero navegar sobre aguas que conduzcan a un puerto acogedor que dar bandazos en corrientes procelosas que amenazan con hundirme. Satisfago mi espíritu haciendo memoria de hechos comunes que nos nutrían a todos los trujillanos antes que hundirme en un lodazal de reconcomios y diatribas. Sin embargo, me niego a idealizar un pasado que he percibido lleno de incongruencias y contra el cual siempre ha habido corrientes del pensamiento y de la acción que han hecho pulso conjunto para no permitir que se transforme en un muro vergonzoso contra el cual se estrellen las mejores intenciones. Así con: reflexiones, sueños y propuestas presentamos a la Lcda. Lourdes Dubuc de Isea, Escritora y Cronista del municipio Boconó. No lo dice, pero reconocemos su denuedo en el quehacer nuestro; porque si es de: escribir o hablar, ella lo hace, pero a la hora de trabajar, no arruga y así lo demuestran los logros obtenidos junto a otras honorables mujeres.

Acción Social

Dña. Lourdes, fue la bujía que dirigió el periódico "Tiempo y Letra" y luego prosiguió su obra desde "Acción Social", que certifica su celebridad por iniciativas que siguen constituyendo hitos relevantes en el área: social, educativa, ambiental y asistencial, entre otras instituciones de relevancia.

Acción Social - dice nuestra interlocutora - "es una institución, integrada por personas que voluntariamente comprometen su voluntad, interés y tiempo, para atender requerimientos emergentes de la comunidad y responder a expectativas de equidad social y cultural". Sin dudar, estamos frente a una dama sin diatribas, de mucho empuje, sin complejos, ni egoísmos, cuya jovialidad no envejece, porque mira fijamente el firmamento, para reflexionar sobre lo sucedido y avizorando lo mejor, nos invita a entonar el "Canto de la Vida, de la Paz y la Justicia"

Raíces de nuestros males

Del Trujillo que evoquemos y del que en hoy estamos sumergidos, pudiéramos construir una metáfora audaz alejada del ritornelo que escucháramos desde niños y que hoy resulta incongruente. Comenzaríamos entonces a afincar, bien profunda, una azada que nos permita buscar las raíces de nuestros males y de nuestras bienhechurías. Evoquemos al pueblo agrícola, inclinado al trabajo de mover, abonar y socavar la tierra, sembrar los frutos, tejer los costales de fique, embalar los productos, llevarlos a los muelles de La Ceiba, venderlos y ufanarnos por la prodigalidad de las cosechas. Aceptemos la invitación que se nos hace y agradezcamos el gesto de hospitalidad que nos permite dialogar con los gañanes, admirar el trato simple y digno de la dueña de la casa y la respetuosa palabra del esposo. Nutrámonos con la savia de una familia campesina bien constituida. Miremos a un lado y escuchemos el lamento soterrado (vergonzante), del obrero mal pagado, peor asistido, perversamente engañado y secularmente sometido.

Vegetaban como sombras

Caminemos por las calles trujillanas y escuchemos el tañer de las campanas de las iglesias, la jubilosa expresión de las fiestas de San Benito, la Candelaria, San Juan, San Alejo, el Niño Jesús, Virgen de la Paz. Caminemos por sus calles anchas, en cuyas aceras, al atardecer, se colocaban las sillas, para conversar, programar y soñar. Pero igualmente contabilicemos a los excluidos, a quienes víctimas de una pobreza extrema, una salud afectada, un horizonte mutilado vegetaban como sombras en la ciudad. Eran todos pueblos cerrados. La prestancia de la juventud y todos sus atributos, nos impedía mirar más allá de lo aparente.

El telón se descorrió

Y de repente; el telón se descorrió y más allá de mirar al hacendado, sentado a las puertas de sus casas en nuestra Entidad Federal, empezamos a conocer las historias de los de arriba y de los de abajo. Y una corriente poderosa llegó a las tierras trujillanas, socavó las raíces enquistadas de los privilegios y despejó el horizonte que poco a poco fueron vislumbrando los incrédulos. Percibimos el éxodo que como fiebre perniciosa se llevó a miles de congéneres a lugares menos inhóspitos, más accesibles y supuestamente más gratificantes. Después de esto - continuó - en tropeles, los trujillanos comenzaron un ascenso incontenible. Hacia arriba y hacia el futuro. Llegaron los colegios, las Universidades, los Ateneos, los periódicos, ¡la Libertad!

Llegó la palabra

La Palabra discurrió libremente en todos los ámbitos. Unas veces era lágrima, otra, gozos, otras, expresiones dolientes.

Y las personas estudiaron, exploraron, viajaron, se relacionaron con habitantes de otros horizontes. Llegó la Palabra. La pura, no contaminada, la de la amistad, el esfuerzo colectivo, la pasión por construir, el incontenible fuego de la acción que se tradujo en casas de cultura, parques, templos, plazas, festivales, ¡Júbilo...! y todos éramos una sola pasión, un solo esfuerzo. Lenta pero inexorablemente, vinieron las migraciones de retorno. Atrás quedó el espejismo de la ciudad todopoderosa, se volvió al hábitat de inicio, se precisaba respirar aires más limpios, más firmes, más auspiciosos.

Y nos comunicamos. ¡Hablábamos el mismo lenguaje! Y no había allí subterfugios, ni zancadillas ni retaliaciones. Sino una masa iluminada que marchaba hacia adelante.

La salud de Trujillo

De repente se hizo un gran silencio, obreros y obreras dejaron a un lado sus herramientas de trabajo. Desapareció el ímpetu. Cabizbajos comenzaron a vislumbrar un futuro incierto. Del paradigma, devino la jactancia, la socarronería. Del trabajo, la indolencia. De la modestia y moderación, el exhibicionismo. De la vergüenza, el desparpajo. De la familia, la disgregación. De la honradez, la trampa. De la alegría, el duelo. ¡Del amor a la Naturaleza, el menosprecio!

Pero he aquí que sucedió lo inaudito. De abajo, del canal invisible, que nuestros ojos no distinguían, empezó a emerger una fuerza poderosa cuyo lenguaje era hermético. Tenían los ojos iluminados, el paso firme, la frente erguida y ocuparon los lugares que nosotros habíamos abandonado para invernar. Unos por la fuerza, otros por la inacción de la mayoría, y los más por considerar que era su hora, ocuparon los lugares a los que jamás habían accedido.

Y llegó el aquí. El ahora. Y en un solo bloque dijimos. Todos: Los de arriba y los de abajo: Lo imperioso es la salud de Trujillo, la regeneración de sus potencialidades. El altivo rostro de su dignidad. La fuerza vibrante de sus gentes.

Todos por Trujillo

El esfuerzo es de todos y propongo que hagamos honor a nuestro Himno ¡De Trujillo es tan alta la gloria...! Ese es ahora el cántico colectivo que nos unifica y nos nuclea en torno al futuro de nuestra amada entidad. A representar, a defender, a luchar por lo nuestro. A acoger, a compartir, a entender, a interpretar. Un solo bloque hacia un ideal colectivo. ¡Todos por Trujillo!

¡Que cesen el llanto y el rechinar de dientes por la muerte de tantos jóvenes que apenas pudieron saborear las mieles de la Vida!

¡Que el hombro del fuerte se ofrezca solícito para apoyar el anhelo del débil!

¡Juntos entonemos el Canto de la Vida, de la Paz y la Justicia!
 
Cámara de Comercio e Industria del Estado Táchira

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