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En la serie "Ideas para el
despliegue de Trujillo Posible", presentamos reflexiones, sueños y
propuestas de la Lcda. Lourdes Dubuc de Isea, escritora y Cronista
del municipio Boconó; la invitada señala que el esfuerzo es de
todos y propone que hagamos honor a nuestro Himno ¡De Trujillo es
tan alta la gloria!
Prefiero divagar sobre lo constructivo
que sobre las penurias que agobian al territorio trujillano. Prefiero
navegar sobre aguas que conduzcan a un puerto acogedor que dar
bandazos en corrientes procelosas que amenazan con hundirme.
Satisfago mi espíritu haciendo memoria de hechos comunes que nos
nutrían a todos los trujillanos antes que hundirme en un lodazal de
reconcomios y diatribas. Sin embargo, me niego a idealizar un pasado
que he percibido lleno de incongruencias y contra el cual siempre ha
habido corrientes del pensamiento y de la acción que han hecho pulso
conjunto para no permitir que se transforme en un muro vergonzoso
contra el cual se estrellen las mejores intenciones. Así con:
reflexiones, sueños y propuestas presentamos a la Lcda. Lourdes
Dubuc de Isea, Escritora y Cronista del municipio Boconó. No lo
dice, pero reconocemos su denuedo en el quehacer nuestro; porque si
es de: escribir o hablar, ella lo hace, pero a la hora de trabajar,
no arruga y así lo demuestran los logros obtenidos junto a otras
honorables mujeres.
Acción Social
Dña. Lourdes, fue la bujía que
dirigió el periódico "Tiempo y Letra" y luego prosiguió su
obra desde "Acción Social", que certifica su celebridad
por iniciativas que siguen constituyendo hitos relevantes en el área:
social, educativa, ambiental y asistencial, entre otras instituciones
de relevancia.
Acción Social - dice nuestra
interlocutora - "es una institución, integrada por personas que
voluntariamente comprometen su voluntad, interés y tiempo, para
atender requerimientos emergentes de la comunidad y responder a
expectativas de equidad social y cultural". Sin dudar, estamos
frente a una dama sin diatribas, de mucho empuje, sin complejos, ni
egoísmos, cuya jovialidad no envejece, porque mira fijamente el
firmamento, para reflexionar sobre lo sucedido y avizorando lo mejor,
nos invita a entonar el "Canto de la Vida, de la Paz y la Justicia"
Raíces de nuestros males
Del Trujillo que evoquemos y del que en
hoy estamos sumergidos, pudiéramos construir una metáfora audaz
alejada del ritornelo que escucháramos desde niños y que hoy
resulta incongruente. Comenzaríamos entonces a afincar, bien
profunda, una azada que nos permita buscar las raíces de nuestros
males y de nuestras bienhechurías. Evoquemos al pueblo agrícola,
inclinado al trabajo de mover, abonar y socavar la tierra, sembrar
los frutos, tejer los costales de fique, embalar los productos,
llevarlos a los muelles de La Ceiba, venderlos y ufanarnos por la
prodigalidad de las cosechas. Aceptemos la invitación que se nos
hace y agradezcamos el gesto de hospitalidad que nos permite dialogar
con los gañanes, admirar el trato simple y digno de la dueña de la
casa y la respetuosa palabra del esposo. Nutrámonos con la savia de
una familia campesina bien constituida. Miremos a un lado y
escuchemos el lamento soterrado (vergonzante), del obrero mal pagado,
peor asistido, perversamente engañado y secularmente sometido.
Vegetaban como sombras
Caminemos por las calles trujillanas y
escuchemos el tañer de las campanas de las iglesias, la jubilosa
expresión de las fiestas de San Benito, la Candelaria, San Juan, San
Alejo, el Niño Jesús, Virgen de la Paz. Caminemos por sus calles
anchas, en cuyas aceras, al atardecer, se colocaban las sillas, para
conversar, programar y soñar. Pero igualmente contabilicemos a los
excluidos, a quienes víctimas de una pobreza extrema, una salud
afectada, un horizonte mutilado vegetaban como sombras en la ciudad.
Eran todos pueblos cerrados. La prestancia de la juventud y todos sus
atributos, nos impedía mirar más allá de lo aparente.
El telón se descorrió
Y de repente; el telón se descorrió y
más allá de mirar al hacendado, sentado a las puertas de sus casas
en nuestra Entidad Federal, empezamos a conocer las historias de los
de arriba y de los de abajo. Y una corriente poderosa llegó a las
tierras trujillanas, socavó las raíces enquistadas de los
privilegios y despejó el horizonte que poco a poco fueron
vislumbrando los incrédulos. Percibimos el éxodo que como fiebre
perniciosa se llevó a miles de congéneres a lugares menos
inhóspitos, más accesibles y supuestamente más gratificantes.
Después de esto - continuó - en tropeles, los trujillanos
comenzaron un ascenso incontenible. Hacia arriba y hacia el futuro.
Llegaron los colegios, las Universidades, los Ateneos, los
periódicos, ¡la Libertad!
Llegó la palabra
La Palabra discurrió libremente en
todos los ámbitos. Unas veces era lágrima, otra, gozos, otras,
expresiones dolientes.
Y las personas estudiaron, exploraron,
viajaron, se relacionaron con habitantes de otros horizontes. Llegó
la Palabra. La pura, no contaminada, la de la amistad, el esfuerzo
colectivo, la pasión por construir, el incontenible fuego de la
acción que se tradujo en casas de cultura, parques, templos, plazas,
festivales, ¡Júbilo...! y todos éramos una sola pasión, un
solo esfuerzo. Lenta pero inexorablemente, vinieron las migraciones
de retorno. Atrás quedó el espejismo de la ciudad todopoderosa, se
volvió al hábitat de inicio, se precisaba respirar aires más
limpios, más firmes, más auspiciosos.
Y nos comunicamos. ¡Hablábamos el
mismo lenguaje! Y no había allí subterfugios, ni zancadillas ni
retaliaciones. Sino una masa iluminada que marchaba hacia adelante.
La salud de Trujillo
De repente se hizo un gran silencio,
obreros y obreras dejaron a un lado sus herramientas de trabajo.
Desapareció el ímpetu. Cabizbajos comenzaron a vislumbrar un futuro
incierto. Del paradigma, devino la jactancia, la socarronería. Del
trabajo, la indolencia. De la modestia y moderación, el
exhibicionismo. De la vergüenza, el desparpajo. De la familia, la
disgregación. De la honradez, la trampa. De la alegría, el duelo.
¡Del amor a la Naturaleza, el menosprecio!
Pero he aquí que sucedió lo inaudito.
De abajo, del canal invisible, que nuestros ojos no distinguían,
empezó a emerger una fuerza poderosa cuyo lenguaje era hermético.
Tenían los ojos iluminados, el paso firme, la frente erguida y
ocuparon los lugares que nosotros habíamos abandonado para invernar.
Unos por la fuerza, otros por la inacción de la mayoría, y los más
por considerar que era su hora, ocuparon los lugares a los que jamás
habían accedido.
Y llegó el aquí. El ahora. Y en un
solo bloque dijimos. Todos: Los de arriba y los de abajo: Lo
imperioso es la salud de Trujillo, la regeneración de sus
potencialidades. El altivo rostro de su dignidad. La fuerza vibrante
de sus gentes.
Todos por Trujillo
El esfuerzo es de todos y propongo que
hagamos honor a nuestro Himno ¡De Trujillo es tan alta la
gloria...! Ese es ahora el cántico colectivo que nos unifica y
nos nuclea en torno al futuro de nuestra amada entidad. A
representar, a defender, a luchar por lo nuestro. A acoger, a
compartir, a entender, a interpretar. Un solo bloque hacia un ideal
colectivo. ¡Todos por Trujillo!
¡Que cesen el llanto y el rechinar de
dientes por la muerte de tantos jóvenes que apenas pudieron saborear
las mieles de la Vida!
¡Que el hombro del fuerte se ofrezca
solícito para apoyar el anhelo del débil!
¡Juntos entonemos el Canto de la Vida,
de la Paz y la Justicia!
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