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Convivencia entre perros y gatos Imprimir E-Mail
escrito por Eggly Cuesta Márquez/DLA Tachira   
domingo, 13 de febrero de 2011
"Llevarse como el perro y el gato", así reza un proverbio, pero eso no debería significar necesariamente llevarse mal. En determinadas circunstancias la relación es excelente, y en cualquier caso se puede prevenir y controlar los problemas de convivencia

La naturaleza de perros y gatos hace de ellos animales depredadores por naturaleza que a través de la convivencia con el hombre se ven obligados en muchas ocasiones a compartir espacios comunes.

Su instinto les impulsa a cazar otras especies animales y por eso es frecuente que los gatos persigan ratones, pájaros o insectos a pesar de ser animales domesticados que tienen cubiertas sus necesidades alimenticias. Para controlar esta tendencia en los gatos puede recurrirse a juegos y entretenimientos y evitar situaciones que despierten su instinto.

La reacción más frecuente de un perro que ve a un gato desconocido es acosarlo, ataque ante el cual el felino valora si debe huir o enfrentarse al agresor. En estos momentos el perro tiene las pupilas dilatadas y las orejas erguidas porque permanece expectante ante las reacciones del otro animal. Si el gato decide atacar se lanzará a la cara del perro provocándole heridas graves que se infectan con facilidad, además de lesiones en los ojos, por lo que en un enfrentamiento de este tipo la rapidez del gato le otorga una indiscutible ventaja.

Respetar las diferencias

La buena convivencia entre perros y gatos se basa en el conocimiento y respeto de las diferencias entre las dos especies. Los perros son más dóciles y fáciles de educar que los gatos, mientras que estos últimos se muestran más independientes. Estas y otras diferencias pueden provocar que perros y gatos se miren con recelo en un principio pero la proximidad del hombre facilita la disminución de estas tensiones al aumentar las posibilidades de éxito en la reproducción y constituir una garantía de supervivencia. Por esta razón los predadores domésticos adecuadamente socializados no sólo no son esquivos, sino que buscan la compañía de los humanos y de otros animales.

Desde cachorros

Dicha socialización es más sencilla y eficaz si se produce desde un principio, cuando perros y gatos son cachorros, y servirá para adaptarlos a un ambiente distinto de aquel para el que han sido preparados genéticamente en el que no sólo no tienen que cazar para sobrevivir, sino en el que otras especies animales pueden ser sus compañeras.

Por tanto si perros y gatos comparten el mismo territorio y tienen contactos tempranos, resultará sencillo que acaben por hacerse grandes amigos. Lo mismo sucede en el caso de otros animales como conejos, pájaros o roedores. Para el perro será más fácil adaptarse a ellos si es joven o si su temperamento es tranquilo, lo que facilitará la convivencia desde un principio.

¿Qué debemos hacer?

Así que ante la incertidumbre de ¿qué debemos hacer si queremos tener perros y gatos conviviendo juntos en casa? Los especialistas recuerdan que un animal joven se adapta mucho más fácilmente a la convivencia con otras especies que los adultos y los que peor lo llevarán son los ancianos, acostumbrados a ser los reyes de la casa durante años.

Los cachorros son más juguetones que cazadores, no tardarán en establecer sus propias jerarquías, sus propias interacciones, sus propios roles. Aunque es importante que siempre dispongan de sus específicos lugares para comer y para dormir para que puedan refugiarse en momentos de agobio.

La presentación es un momento muy importante en la futura relación que se va a establecer entre ellos, es mejor que nuestro perro en ese momento esté cansado por haber realizado ejercicio, recién alimentado y tranquilo. Si cuando le presentamos a la nueva mascota da muestras de tranquilidad hay que felicitarlo, demostrarle que te enorgullece su reacción pacífica. Cuando más edad tenga el perro más paciencia hay que tener, pero la fórmula es la misma.

Recuerda...

Nunca debes estimular su instinto de caza y persecución, sino más bien reprimir cualquier intento de caza y captura a todo lo que se mueve, más aún si la forma de moverse es errática o vacilante como ocurre con los niños.

 
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