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La
leyenda de los zombis es una de las más conocidas y explotadas de la
literatura del terror. Los zombis son entidades físicas que se
encuentran a mitad de camino entre la vida y la muerte, muertos
reanimados o simplemente seres humanos sin mente que no tienen
voluntad propia porque los controla un poderoso hechicero, dueño de
sus pensamientos y sus sentimientos.
Wikipedia
nos ofrece una excelente definición:
Un zombi
(en ocasiones escrito erróneamente con la grafía inglesa zombie)
es, originalmente, una figura legendaria propia de las regiones donde
se practica el culto vudú. Se trataría de un muerto resucitado por
medios mágicos por un hechicero para convertirlo en su esclavo. Por
extensión, ha pasado a la literatura fantástica como sinónimo de
muerto viviente y al lenguaje común para designar en sentido
figurado a quien hace las cosas mecánicamente como si estuviera
privado de voluntad.
No se
sabe a ciencia cierta el origen de los zombis. Los expertos aseguran
que las primeras referencias a algo parecido aparecen hace 3000 años
en La Epopeya de Gilgamesh, cuando Ishtar amenaza con levantar a los
muertos para que devoren a la gente, a menos que su padre le dé el
toro del cielo.
En Las
Mil y una Noches también hay cuentos de seres subyugados
mentalmente, pero son los relatos folclóricos de Haití los que
describen entes muy parecidos a los zombis como los que conocemos hoy
en día, y que popularizó Hollywood en 1968 cuando George A. Romero
produjo "Night of the living dead" (Noche de los muertos
vivientes).
El más
famoso zombi haitiano, Clairvius Narcisse, fue dado por muerto en el
hospital haitiano de Albert Schweitzer en 1962, fallecimiento
certificado por dos galenos y Angelina, la hermana del difunto.
Dieciocho años después, un deambulante Clairvius fue reconocido en
el mercado del pueblo por varios amigos y familiares. Aparentemente
le dieron un "coup de poudre", unos polvos que lo paralizaron
como si estuviera muerto, y luego fue desenterrado y esclavizado por
el Bokor durante 18 años.
El caso
de Clairvius es excepcional pues pudo dar testimonio de lo que le
sucedió. Su declaración ha sido vital para estudiar el efecto
zombi.
Que haya
zombis en Hollywood no tiene nada de raro. Que aparezcan descritos en
la literatura fantástica no me quita el sueño. Entiendo y lamento
la manipulación en el caso Clairvius. Pero que en mi país haya
personas que supediten sus recuerdos, su conciencia y su memoria sí
me preocupa, me desconcierta, me subleva.
Hace
unos días, mi hermano entró a un local comercial en Las Mercedes,
en Caracas. La dependienta le preguntó si hacía calor afuera.
"Sí,
hace un calor terrible", le respondió mi hermano.
"Claro,
cómo no va a hacer calor si hace tres años que no llueve", dijo
ella.
"¿Tres
años que no llueve? ¡El año pasado llovió! ¿Usted no estaba
aquí? Aquí mismo en Las Mercedes vivimos varios aguaceros que
desbordaron las calles de agua, ¿no los recuerda?", le preguntó
mi hermano.
Ello
pensó, dudó y dijo:
"Bueno,
sí estaba, pero es que a mí me explicaron que así como los gringos
bombardearon Haití por debajo de la tierra para ocasionar el
terremoto, de igual manera nos bombardearon las nubes a nosotros para
que no lloviera".
Yo puedo
entender que la joven dependienta crea que los gringos son tan
poderosos como para ocasionar terremotos y espantar nubes. (Si lo
fueran, ya hubieran encontrado a Osama Bin Laden, ¿no?), pero bueno,
aceptemos que lo crea. Lo que no puedo, no quiero y me duele aceptar
es que subordine su propia memoria para creer lo que no vivió. Una
zombi, pues, cuya mente está dominada por un poderoso hechicero, un
Bokor que controla sus pensamientos, abole su voluntad y elimina sus
recuerdos. Así, ella y sus compañeros zombis seguirán viendo
sequía donde hubo lluvia, oscuridad donde hubo luz y bienestar donde
no hay más que ruinas.
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