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Los zombis de la revolución Imprimir E-Mail
escrito por Carolina Jaimes Branger   
lunes, 22 de marzo de 2010
La leyenda de los zombis es una de las más conocidas y explotadas de la literatura del terror. Los zombis son entidades físicas que se encuentran a mitad de camino entre la vida y la muerte, muertos reanimados o simplemente seres humanos sin mente que no tienen voluntad propia porque los controla un poderoso hechicero, dueño de sus pensamientos y sus sentimientos.

Wikipedia nos ofrece una excelente definición:

Un zombi (en ocasiones escrito erróneamente con la grafía inglesa zombie) es, originalmente, una figura legendaria propia de las regiones donde se practica el culto vudú. Se trataría de un muerto resucitado por medios mágicos por un hechicero para convertirlo en su esclavo. Por extensión, ha pasado a la literatura fantástica como sinónimo de muerto viviente y al lenguaje común para designar en sentido figurado a quien hace las cosas mecánicamente como si estuviera privado de voluntad.

No se sabe a ciencia cierta el origen de los zombis. Los expertos aseguran que las primeras referencias a algo parecido aparecen hace 3000 años en La Epopeya de Gilgamesh, cuando Ishtar amenaza con levantar a los muertos para que devoren a la gente, a menos que su padre le dé el toro del cielo.

En Las Mil y una Noches también hay cuentos de seres subyugados mentalmente, pero son los relatos folclóricos de Haití los que describen entes muy parecidos a los zombis como los que conocemos hoy en día, y que popularizó Hollywood en 1968 cuando George A. Romero produjo "Night of the living dead" (Noche de los muertos vivientes).

El más famoso zombi haitiano, Clairvius Narcisse, fue dado por muerto en el hospital haitiano de Albert Schweitzer en 1962, fallecimiento certificado por dos galenos y Angelina, la hermana del difunto. Dieciocho años después, un deambulante Clairvius fue reconocido en el mercado del pueblo por varios amigos y familiares. Aparentemente le dieron un "coup de poudre", unos polvos que lo paralizaron como si estuviera muerto, y luego fue desenterrado y esclavizado por el Bokor durante 18 años.

El caso de Clairvius es excepcional pues pudo dar testimonio de lo que le sucedió. Su declaración ha sido vital para estudiar el efecto zombi.

Que haya zombis en Hollywood no tiene nada de raro. Que aparezcan descritos en la literatura fantástica no me quita el sueño. Entiendo y lamento la manipulación en el caso Clairvius. Pero que en mi país haya personas que supediten sus recuerdos, su conciencia y su memoria sí me preocupa, me desconcierta, me subleva.

Hace unos días, mi hermano entró a un local comercial en Las Mercedes, en Caracas. La dependienta le preguntó si hacía calor afuera.

"Sí, hace un calor terrible", le respondió mi hermano.

"Claro, cómo no va a hacer calor si hace tres años que no llueve", dijo ella.

"¿Tres años que no llueve? ¡El año pasado llovió! ¿Usted no estaba aquí? Aquí mismo en Las Mercedes vivimos varios aguaceros que desbordaron las calles de agua, ¿no los recuerda?", le preguntó mi hermano.

Ello pensó, dudó y dijo:

"Bueno, sí estaba, pero es que a mí me explicaron que así como los gringos bombardearon Haití por debajo de la tierra para ocasionar el terremoto, de igual manera nos bombardearon las nubes a nosotros para que no lloviera".

Yo puedo entender que la joven dependienta crea que los gringos son tan poderosos como para ocasionar terremotos y espantar nubes. (Si lo fueran, ya hubieran encontrado a Osama Bin Laden, ¿no?), pero bueno, aceptemos que lo crea. Lo que no puedo, no quiero y me duele aceptar es que subordine su propia memoria para creer lo que no vivió. Una zombi, pues, cuya mente está dominada por un poderoso hechicero, un Bokor que controla sus pensamientos, abole su voluntad y elimina sus recuerdos. Así, ella y sus compañeros zombis seguirán viendo sequía donde hubo lluvia, oscuridad donde hubo luz y bienestar donde no hay más que ruinas.

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