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El 22 de
febrero se cumplió un aniversario más del nacimiento de Luis
Buñuel. Había nacido en Calanda, región de Aragón, España, año
1900. Murió en 1983, el 29 de julio. Buñuel es uno de los grandes
cineastas de todos los tiempos. Sin duda el más grande en habla
hispana, tan paradigmático como Fellini en Italia, Renoir en
Francia, Bergman en Suecia y Kurosawa en Japón. Filmó 32 películas,
de las que 21 se hicieron en México. En 1949 se hizo ciudadano
mexicano y en México vivió desde 1946 hasta el momento de su
muerte. Más que cineasta francés o español, como muchos insisten
en llamarlo, debieran designarlo cineasta mexicano. Con toda razón:
era ciudadano mexicano, vivió durante 37 años en su misma casa de
Ciudad de México, e hizo la mayor parte de sus películas en México.
Cuando se observa su filmografía es posible distinguir tres etapas
en su trayectoria: la etapa española, la mexicana y la francesa. En
todas hizo películas señeras pero la mexicana es la más fecunda.
De la primera, las más destacadas fueron "Un perro andaluz", "La
edad de oro" y "Las Hurdes, tierra sin pan" (aunque filmadas
aquéllas en Francia, sin que Buñuel se desligara de España). De la
francesa despuntaron "EL discreto encanto de la burguesía" y
"Ese obscuro objeto del deseo". De la mexicana "Los olvidados",
"Nazarín" y "Viridiana".
Buñuel
estaba destinado a echar raíces en México: en 1939, terminada la
Guerra Civil Española, se exilió en Estados Unidos, pero sus
antecedentes ideológico-políticos lo obligaron a salir de este
país. Durante cinco años trabajó sin mayores problemas en el Museo
de Arte Contemporáneo de Nueva York pero en 1945, en el aire los
gérmenes del macartismo, se supo de su pasada filiación comunista
y, para colmo, Dalí en su autobiografía recordaba la condición de
ateo de Buñuel. La reacción furibunda del conservatismo
estadounidense no se hizo esperar: Buñuel no sólo tuvo que
renunciar al Museo sino que debió abandonar el país porque el FBI
le levantó un minucioso prontuario que lo convirtió en un
sospechoso peligroso y un desempleado impenitente. Marchó a México
-en esos días en el esplendor de su industria cinematográfica- y
allí encontró expeditas oportunidades. Su primer film, en 1946, fue
"Gran Casino", un musical con dos cantantes popularísimos, Jorge
Negrete y Libertad Lamarque, film que terminó en fracaso.
Decepcionado, se mantuvo al margen por un tiempo, pero en 1949 con
"El gran calavera" tuvo un gran éxito de taquilla y, renovados
sus bríos, filmó un año después "Los olvidados", una de sus
películas-cumbre y pronto considerada como la mejor del cine
mexicano de todos los tiempos.
Si nos
pidieran opinión, gusto personalísimo de por medio, diríamos que,
en orden de aparición, éstas son las mejores películas del gran
director hispano-mexicano: "Los olvidados" (1950), "Viridiana"
(1961), "Ese obscuro objeto del deseo" (1977), "El discreto
encanto de la burguesía" (1972), "Tristana" (1970) y "Bella
de Día" (1966). Pero nada es deleznable en la producción de
Buñuel porque en películas poco nombradas, modestas incluso, su
originalidad es inconfundible. Tal lo que constatamos en películas
como "El Bruto", "Robinson Crusoe", "Él", la misma "El
Gran Casino". "Él", por ejemplo, de no haber sido por el apego
del director a la novela que la inspiró, hubiera sido -equiparada
al "Otelo" de Shakespeare- el clásico cinematográfico universal
de la tan humana pasión de los celos.
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