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El inolvidable Luis Buñuel Imprimir E-Mail
escrito por Jorge Linares   
sábado, 20 de marzo de 2010
El 22 de febrero se cumplió un aniversario más del nacimiento de Luis Buñuel. Había nacido en Calanda, región de Aragón, España, año 1900. Murió en 1983, el 29 de julio. Buñuel es uno de los grandes cineastas de todos los tiempos. Sin duda el más grande en habla hispana, tan paradigmático como Fellini en Italia, Renoir en Francia, Bergman en Suecia y Kurosawa en Japón. Filmó 32 películas, de las que 21 se hicieron en México. En 1949 se hizo ciudadano mexicano y en México vivió desde 1946 hasta el momento de su muerte. Más que cineasta francés o español, como muchos insisten en llamarlo, debieran designarlo cineasta mexicano. Con toda razón: era ciudadano mexicano, vivió durante 37 años en su misma casa de Ciudad de México, e hizo la mayor parte de sus películas en México. Cuando se observa su filmografía es posible distinguir tres etapas en su trayectoria: la etapa española, la mexicana y la francesa. En todas hizo películas señeras pero la mexicana es la más fecunda. De la primera, las más destacadas fueron "Un perro andaluz", "La edad de oro" y "Las Hurdes, tierra sin pan" (aunque filmadas aquéllas en Francia, sin que Buñuel se desligara de España). De la francesa despuntaron "EL discreto encanto de la burguesía" y "Ese obscuro objeto del deseo". De la mexicana "Los olvidados", "Nazarín" y "Viridiana".

Buñuel estaba destinado a echar raíces en México: en 1939, terminada la Guerra Civil Española, se exilió en Estados Unidos, pero sus antecedentes ideológico-políticos lo obligaron a salir de este país. Durante cinco años trabajó sin mayores problemas en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York pero en 1945, en el aire los gérmenes del macartismo, se supo de su pasada filiación comunista y, para colmo, Dalí en su autobiografía recordaba la condición de ateo de Buñuel. La reacción furibunda del conservatismo estadounidense no se hizo esperar: Buñuel no sólo tuvo que renunciar al Museo sino que debió abandonar el país porque el FBI le levantó un minucioso prontuario que lo convirtió en un sospechoso peligroso y un desempleado impenitente. Marchó a México -en esos días en el esplendor de su industria cinematográfica- y allí encontró expeditas oportunidades. Su primer film, en 1946, fue "Gran Casino", un musical con dos cantantes popularísimos, Jorge Negrete y Libertad Lamarque, film que terminó en fracaso. Decepcionado, se mantuvo al margen por un tiempo, pero en 1949 con "El gran calavera" tuvo un gran éxito de taquilla y, renovados sus bríos, filmó un año después "Los olvidados", una de sus películas-cumbre y pronto considerada como la mejor del cine mexicano de todos los tiempos.

Si nos pidieran opinión, gusto personalísimo de por medio, diríamos que, en orden de aparición, éstas son las mejores películas del gran director hispano-mexicano: "Los olvidados" (1950), "Viridiana" (1961), "Ese obscuro objeto del deseo" (1977), "El discreto encanto de la burguesía" (1972), "Tristana" (1970) y "Bella de Día" (1966). Pero nada es deleznable en la producción de Buñuel porque en películas poco nombradas, modestas incluso, su originalidad es inconfundible. Tal lo que constatamos en películas como "El Bruto", "Robinson Crusoe", "Él", la misma "El Gran Casino". "Él", por ejemplo, de no haber sido por el apego del director a la novela que la inspiró, hubiera sido -equiparada al "Otelo" de Shakespeare- el clásico cinematográfico universal de la tan humana pasión de los celos.

 

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