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Las
mujeres han ingresado fuertemente al mercado de trabajo. Ese avance
lleno de positividad se halla correlacionado con un aumento muy
importante en su presencia en el sistema educativo. El número de
alumnas mujeres supera en diversas carreras universitarias al de
hombres.
Sin
embargo, en el Día Internacional de la Mujer, las miradas deben
centrarse en las amplias discriminaciones pendientes.
A
pesar de sus logros, el "techo de cristal" sigue funcionando para
los puestos ejecutivos. En USA a pesar de representar más del 50% de
la mano de obra, sólo 2% de los jefes de las mayores empresas son
mujeres. En Inglaterra es el 5%. En España son el 10%, en Italia, el
8%, en Francia el 12%. En la mayor parte de los países siguen
ganando significativamente menos que los hombres a igual trabajo.
Como lo
señaló un reciente informe sobre "Trabajo y Familia" del PNUD y
la OIT, las mujeres que trabajan, quedan enfrentadas a un doble
desafío: ser exitosas en mercados altamente competitivos, donde
deben dar el máximo, y al mismo tiempo seguir llevando adelante con
toda calidad, sus roles decisivos en la gestión diaria del hogar.
La
mayor parte de las sociedades no han previsto políticas orgánicas
para asistir a las mujeres en esta jornada casi imposible y
agotadora. Lo tratan como si fuera un problema personal, cuando en
realidad es totalmente colectivo. Gracias al rol de la mujer en el
hogar, funcionan las familias, pilares de la sociedad.
Es
posible hacerlo distinto como en los estados escandinavos que tienen
los mejores niveles de igualdad de género. Tienen Ministerios
dedicados al tema, en Noruega 40% de las legisladoras son mujeres,
tienen los mayores niveles de empleo femenino del orbe, y al mismo
tiempo han construido una gigantesca red de hogares de cuidado de
niños desde las edades más tempranas financiados por el Estado. Sus
licencias postparto son asimismo las más extensas. En Suecia doce
meses para un conyugue, y 2 meses para el otro.
América
Latina suma a los problemas mencionados, la violencia de género, y
la proliferación de estereotipos machistas. Según la CEPAL el 40%
de las mujeres de América Latina sufre violencia doméstica.
Desde
las 500 mujeres asesinadas en Ciudad Juárez desde 1993, por las que
la Corte Interamericana de Derechos Humanos condeno al Estado
mexicano exigiendo que "debe remover todos los obstáculos que
impiden una debida investigación" hasta los feminicidios en
Guatemala, y los incidentes diarios, la violencia viene acompañada
de alta impunidad.
Detrás
de las discriminaciones abiertas está la vigencia silenciosa de la
cultura machista. Señala el Ministerio de la Mujer del Paraguay:
"vivimos en una sociedad que es machista, que es patriarcal, que
degrada a las mujeres, y a las víctimas no las trata como tales...las
revictimiza".
Todo lo
hecho respecto a mejorar la condición de la mujer es de alto valor,
pero es mucho lo que queda por delante. No es un tema de las mujeres,
sino colectivo, terminar con las múltiples formas de la prolongada e
inaceptable discriminación de género.
(*) Asesor
Principal de la Dirección de la ONU/PNUD para América Latina
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