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¿Ética y Poder Ciudadano en el vacío? Imprimir E-Mail
escrito por Camilo Perdomo   
martes, 09 de febrero de 2010
"El Maestro dijo: Los vendedores ambulantes de rumores son personas que han abandonado la virtud"

Las palabras que titulan este tópico están saturadas de tanto manoseo en Venezuela. Ello nos obliga a seguir insistiendo en su aclaratoria para recuperarles su utilidad social. Estamos ahogándonos en un caos provocado con premeditación y perversidad cínica desde las políticas públicas, lo cual trae como consecuencia inmediata el vacío ético-moral que induce a algunas personas a quebrantar reglas básicas de convivencia mínima. Por ejemplo, el quinto mandamiento que prohíbe matar como regla moral se ha generalizado a tal punto que vivimos una suerte de limpieza social por vía del exterminio y donde las instituciones creadas para regular la violencia han desaparecido por orden oficial. Con la literatura de Dostoievski sabemos que a los ojos de Dios un crimen es un crimen, pero dentro de una idea de justicia un crimen puede ser moral. Esto invita a preguntar: ¿Debemos aceptar que un sujeto social se acepte como criminal porque está viviendo en la pobreza? ¿Cómo calificamos dentro de la idea de ciudadano a tal sujeto? ¿Es válido para todos que la frase: "fue un ajuste de cuentas" sea la explicación oficial de tal perversión ética? No nacimos ayer y tampoco el aparato escolar que tenemos prepara para ser ciudadanos enriquecidos con contenidos de ética y moral del bien común. La escuela heredada y la de hoy no están vacunadas contra las conductas anti-éticas. En parte, porque la idea de educación dominante se centró en difundir conocimientos fraccionados con ideas pastiches de nación, patria, pueblo, historia de héroes y otras necedades parecidas. Pocos son los programas, incluidos los universitarios, que se ocupan de estas preguntas: ¿La ciudadanía se aprende, se transmite o se decreta desde un gobierno de turno? ¿Es igual la idea de escuela y la de educación ciudadana dentro de un socialismo ausente de principios éticos del bien común? Cierto que ciudadanía es tener derecho a, pero ¿cómo hacer que el poder tolere la diversidad de ideas y la pluralidad de deberes? Pienso que una ética sin vínculos con la manipulación ideológica del partido político autoriza a ubicar su práctica en los actos cognoscitivos. Quiere esto decir que si el sujeto ignora preguntarse: cómo soy y por qué debo responder de mis actos, poca cosa hacen los códigos y normas sociales decretadas por el aparato legislativo. Hay un dato brutal escrito en 1999 por Mario C. Vergara: "...según estudios sociales de la guerra de Vietnam, los vietnamitas tenían temor a la paz". Eso explicaría esa fama de guerreros que tenían. Para ellos, ese valor era desconocido y de allí su temor al mismo. Si tomamos en serio esa información, es dañina a la ciudadanía esa ética del héroe guerrero que los libros de historia tienen para intoxicar el cerebro de los niños. Posiblemente ese culto a los símbolos militaristas (Dixit, Bolívar y el decreto de guerra a muerte) haya sembrado en el tiempo nuestra capacidad reproductora de la ruina y el caos. De allí que una ética con poder del ciudadano civilizado sea vista entre nosotros como algo imposible y banal. De tal manera que esa cultura del hombre paramilitar y gatillo alegre que hasta la música de los corridos reproduce sea la norma de muestra ética destructiva actual. Que una persona por la única condición de pobre perciba que su conducta criminal será permitida porque una idea absurda de justicia social lo ubica dentro de la ética del débil y el vulnerable, emerge ahora como motivo de pensamiento en las ciencias sociales. Hoy, cuando desde la política se confunde Estado con partido oficial y presidente con dictador de decretos, observamos una burocracia junto a ese sujeto criminal, que si bien es pobre y miserable, tiene, dentro del vacío ético, algo que intercambiar con el gobierno de turno: Su voto, su impunidad y su criminalidad. Descubrimiento perverso que siembra en la sociedad temor y aniquila toda idea de ciudadanía. Hay excepciones, si el crimen toca esferas visibles del Estado; allí el aparato jurídico sí actúa.

 

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